martes, 18 de febrero de 2014

Engañifas

He pasado un buen día, he tenido un martes en el cual desde por la mañana todo ha ido más o menos bien, sin demasiadas complicaciones.
Por la tarde en un hueco libre y en plena inspiración me he puesto a escribir un cuento, iba dedicado a una persona en concreto y nada más ponerme a escribirlo las ideas han ido saliendo solas.
Me estaba gustando tanto que estaba muy contenta, y eso ya es raro en mi porque siempre he sido demasiado exigente con todo lo que escribo y nunca me parece adecuado o perfecto. Partiendo de la base de que ya sé que no hay nada perfecto, claro.

Pues justo estaba poniendo FIN a mi cuento y orgullosa de mi misma cuando le he dado a guardar y me han aparecido una serie de comandos diciéndome no sé qué cosas de que se me iba a cerrar el programa y demás. Yo creyendo que sería igual que otras veces que se cierra solo y al abrir una hoja nueva te aparece el archivo recuperado con lo último que se guarda, he cerrado las ventanitas emergentes y lo he dejado estar. Al abrir uno nuevo e intentar recuperarlo me he dado cuenta que no salía nada, había un montón de interrogaciones por toda la hoja y nada de letras, tan sólo en los últimos folios donde apenas ponía nada y que hubieran sido los más fáciles de reescribir puesto que eran los que tenía mas recientes en mi cabeza.

Me ha dado tanta rabia que no he lanzado el ordenador por la ventana de milagro, eso y porque no tengo otro. Y luego vas y pides ayuda, a alguien que sepa o que pueda al menos hacerte sentir bien en ese momento de amargura, y no solo no la recibes sino que te apartan y piensas: "si tú supieras..." Pero claro que lo saben, porque aquí nadie es tonto y el que sufre un engaño es porque quiere no porque no se haya dado cuenta. O quizás sí te das cuenta pero prefieres dejarlo pasar e irte engañando poco a poco. Porque a veces de esos engaños que no son tanto, a lo sumo engañifas, vas remontando el vuelo y te ayudan a ser mejor persona. Quizás te enseñan a desconfiar pero también es cierto que te das cuenta de lo que es la vida y de cómo y porqué se mueven algunas personas. Y que no importa todas las palabras bonitas que te hayan dicho, porque no son sentidas. Porque la gente cada día habla más por hablar y con menos sentimiento en lo que dice. Porque vivimos de engañar al prójimo para sentirnos bien con nosotros mismos, y eso lo vemos a diario.

He dejado de apelar al karma durante mucho tiempo, y también de compadecerme y decir que tenemos lo que nos merecemos porque eso no es cierto.
Cada cual hace su vida como la siente y piensa, y lo que va sucediendo y te encuentras por el camino a veces hace que la cambies, pero está claro que no hay que dar lo mismo por cada persona.

Y que si, que lo siento, que me arrepiento de muchas cosas, entre ellas de tener este carácter que tanto me gusta y de vivir la vida como me apetece y junto a las personas que quiero. Vale, no es cierto, no me arrepiento de nada, ni de las opciones mal tomadas. No me arrepiento de haber vivido, de haber viajado ni de haber luchado hasta el estremecimiento.

Errores somos todos, yo tuve unos cuantos en mi camino, yo también fui uno de otros tantos, y así la vida sigue, riéndonos las gracias y contándonos chistes.

Y si alguna noche en uno de tus desvelos me recuerdas, haz como si estuviera dormida, que aunque te piense o sienta cerca, cada vez estarás mas lejos de mi vida, porque simplemente... mañana será otro día.

domingo, 16 de febrero de 2014

Despedidas en San Valentín

No pienso repetirme dando mi archiconocida opinión sobre lo que para mi significa San Valentín. Es un día que adoro y que siempre he celebrado, tenga o no tenga novio, y por ello los contrarios a esta bonita fiesta pueden tener sus razones como yo las mías.

Este año ha sido diferente. Una de mis mejores amigas de la universidad se marcha a Chile, como tantos otros españoles, para buscar una oportunidad de trabajo. Como está muy lejos es lógico que cuando se vaya lo haga para una larga temporada y por ello quise hacerle una bonita despedida.
Llevo toda la semana preparando el evento, mirando restaurantes, regalos, haciendo tarjetas y llamando a todos los amigos para que este fin de semana fuera inolvidable para ella.

Las primeras pegas me las encontré en los restaurantes, muchos de ellos ocupados y otros con unos precios elevadísimos debido a la celebración de este día.
Cuando vas con tu pareja quizás lo notas menos, pero al ir en un grupo de amigos piensas que no es justo pagar tanto por una cena que otro fin de semana cuesta la mitad.
Pero es cierto que San Valentín no sólo es el patrón de los enamorados, también se usa para la amistad. Y cuando ésta merece la pena pues todos ponemos un granito de arena y lo hacemos posible.
Es verdad que siempre hay alguien que pone pegas o que no disfruta, otros que deciden no venir y algunos a los cuales estos eventos les parece una gran tontería, pero hay ocasiones en las que por un amigo se hace cualquier cosa y para mi, mi amiga es lo más bonito que tengo aquí.

Recuerdo que al principio de conocernos nos hacíamos regalos por San Valentín y tarjetas que nos escribíamos la una a la otra. Con el paso de los años fuimos perdiendo las costumbres y quizás por las relaciones que tuvimos cambiamos esos hábitos, sin embargo nunca hemos dejado de felicitarnos este día y eso durante unos 13 años que hace que nos conocemos.

Por eso el sábado la engañamos, fuimos a su casa, le tapamos los ojos y la llevamos al burguer para hacerla creer que su última cena sería con un menú infantil. Pero luego acabamos en un bonito restaurante donde nos dieron bastante bien de comer y nos sentimos muy cómodos. Hablamos de nuestras anécdotas de la universidad, y de lo que será ir a un país tan lejano.

Cuando le dimos los regalos y nos abrazamos fue uno de esos instantes en los que te das cuenta que ya nada será igual, porque esos abrazos significan distancia, significan que ya no estarán cuando los necesites, al menos físicamente, y te queda el recuerdo que perdurará hasta su regreso.


Y a pesar de que a ella no le guste esta foto, yo la pongo, porque para mi está muy guapa.
Al terminar la cena salimos a tomar unas copas, a brindar por lo que nos queda por descubrir y por vivir. Y al final de la noche llegas a casa, te desnudas lentamente y mientras te pones el pijama suena el móvil y ves un mensaje.
"Gracias por esta noche, estaréis conmigo allá donde yo vaya".

Después de todo el fin de semana llega la noche del domingo que da paso a la madrugada interminable de los lunes. Te pones a pensar y miras cada palabra y gesto con lupa, cada cosa dicha pasa a ser analizada, y te percatas que poco a poco te vas quedando sola. Que los que están cerca se marchan lejos y los que están lejos nunca regresan. Que los que no nos atrevemos nos quedamos estancados en nuestra rutina, ese microclima tan cómodo a veces y los que se marchan solo anhelan un futuro mejor echando de menos a los que se quedan.

Y así la vida sigue, otro San Valentín más, con recuerdos pasados que se van ocultando por los nuevos que vamos creando.

jueves, 13 de febrero de 2014

Citas Irrepetibles

El irme de fin de semana a lo loco implica muchas cosas, entre otras que por mucho que intente planificar algo nunca va a salir como esperaba.
El sábado me fui a Madrid, no he podido escribir este post antes porque he estado muy ocupada preparando San Valentín, pero no quería dejar de comentar lo que me sucedió.
A eso de las 12 cogí el autobús y sentada al lado del típico niño americano gordito come donuts tuve un interesante viaje. A punto estaba de sentarme en el pasillo cuando el niño se apoyó en el cristal del bus y empezó a roncar y con disimulo yo empujé un poco y conseguí sentarme en mi asiento.
Al llegar a la estación una chica muy dulce y preciosa estaba esperándome para darme un enorme abrazo. Me encanta cuando lo hace y todo lo que me transmite. Estuvimos dando una vuelta por el centro comercial mirando tiendas y después nos fuimos a comer. Charlamos de todo un poco, contándonos nuestras cosas del día a día y riendo. Las risas que no falten. Adoro a mi amiga porque se preocupa siempre por mi y cada vez que voy a visitarla se desplaza hasta donde yo esté y me lleva hasta mi siguiente destino solo por estar conmigo unos minutos más. Y mientras viajamos juntas en el metro hacemos el tonto y hablamos de conejos, zanahorias y lo que vaya surgiendo entre apretones de la gente y movimientos del tren. Me deja en casa de mi primo, donde tuve que ir a cambiarme de ropa porque al llegar a la capital una lluvia me recibió.
Por la tarde quedo con un amigo para tomar café e ir a sacar unas entradas para ir al microteatro. Un amigo que conocí por las redes sociales y es único, especial como él solo y un verdadero amor. Me estaba esperando en sol, sin paraguas y muerto de frío. Nada mas verme me agarra del brazo y me dice: vamos a darnos calor. Y así durante un buen rato que estuvimos dando una vuelta por Gran Vía. Luego al ir a sacar las entradas nos encontramos con Darío Paso, uno de los actores de la obra "De la cocina al cielo".


Como mi amigo le conoce le saludó y ya pues me dio un par de besos y yo me quedé enamoradita, no de Darío sino de su compañero de la obra. ¡Qué guapo! Una pena no haberme hecho fotos con ellos pero es que estaba tan obnubilada que ni recordé que tenía la cámara en el bolso.
Entonces llegó mi cita a ciegas del sábado. Claro, no os he contado esta historia pero yo el sábado tuve una cita con alguien que no conocía, o al menos no conocía del todo. Y para romper el hielo pues decidí llevármelo al teatro a ver unas comedias gastronómicas. Porque digo yo, no hay nada mejor que llevar al teatro a alguien que no conoces porque así evitas tener que hablar o meter la pata como es mi caso habitualmente. Y allí estábamos, mirándonos y pensando "si, es como yo me lo esperaba" y entonces entramos a ver las obras. Elegí dos, la primera era la de Darío Paso que nos gustó bastante y mientras esperábamos para ver la siguiente nos quedamos cerca de la entrada y hablamos un poco. Entonces él fue a sacar algo de su cartera y de repente un objeto volador no identificado salió despedido por los aires. Era rojo chillón y tenía forma de... si, era un condón. En ese instante me entró la risa tonta y cuando vi a mi cita poner el pie sobre el condón para que nadie lo viera, me reí más aún. Lo miraba a la cara y no podía parar de imaginarme que en ese momento él solo pensaba aquello de "tierra trágame aquí y ahora". Entonces muy digno él se agachó, lo cogió y se lo volvió a guardar. Y en mi mente me imaginé una conversación subrealista donde le decía: "de ahí no te mueves ya hasta que caduques, por querer salir antes de tiempo."
A continuación y con las risas ya puestas, fuimos a ver la otra obra que me recordaba un poco a mi situación porque trataba de una primera cita. Un chico y una chica se habían conocido en una discoteca y el chico había decidido invitarla a su casa a cenar para conocerla un poco más. La cita era un desastre porque ellos no tenían nada que ver y era muy gracioso escuchar esos diálogos que hoy en día se dan tanto, porque muchas veces te fijas en un físico y luego te das cuenta que al hablar con la persona no tienes nada en común. Lo cierto es que no pudimos parar de reír y mientras lo hacíamos me di cuenta de la peculiar risa de mi cita. Y de reojo le miraba y pensaba: pues me gusta que sonría, se lo está pasando bien.
Cuando terminó la obra yo quedé para cenar con una amiga y su cita, que al igual que yo se iban a conocer por primera vez esa noche. Si, hicimos una mezcla un tanto extraña.
Y sin pensarlo mucho me agarré del brazo de mi cita, con la excusa del frío y mis tacones, y sentí ese calorcito que te da el abrazarte a alguien por la calle con quien te vas riendo y te cae muy bien y me sentí a gusto. Cuando llegamos al oso y el madroño, típico lugar de quedada madrileña, y mientras esperábamos a que los otros llegaran, nosotros seguimos hablando y conociéndonos, ese de todo un poco que va surgiendo sin pensarlo y sin saber cómo. Y detalles que te gustan y que no te esperas pero que te hacen sonreír.
Ya con mi amiga y su chico nos fuimos a cenar al sitio elegido por mi cita, pensado en mi por eso de que me gusta la comida sana. Durante toda la cena no paró de hablar, y de comer, porque es de buen comer, como yo, y nos dedicamos a decir tonterías y a hacer el payaso sin dejar apenas espacio a la otra pareja a conocerse. Y por debajo de la mesa intenté hacer piececitos con él pero me atrapó mi bota entre sus piernas y no me dejó escapar, y nos miramos y volvimos a reír.
Tenían que cerrar el sitio y el postre nos lo tomamos en la cafetería. Él al igual que yo, de café con leche, los otros dos chocolate. Y entonces saqué de mi bolso una sorpresa. La noche anterior había hecho magdalenas, de chocolate y rellenas de mermelada. Y como salieron con formas extrañas decidí decorarlas como buenamente pude y a mi cita le hice una con nariz, ojos y pelo. La envolví y le puse un lacito.


Y al abrirla y verla se echó a reír. Se la comió y me gustó cuando me miró y me dijo que estaba muy buena. Y pensé: "yo a ti te conquistaba seguro". Cuando salimos del restaurante nos volvimos a arrejuntar, como dicen en mi pueblo, y nos quedamos pegados y así el frío parecía menos. Fuimos hablando de la cena, de mis amigos y de lo bien que nos habíamos caído. Ese pensamiento de "¡qué fácil es todo contigo!"
Nos dirigimos a bailar. Yo tenía unas ganas locas por moverme a lo Beyoncé un rato y el resto quizás no tanto pero ahí estaban acompañándome.
Mi amiga y el otro chico se quedaron en la barra hablando, yo bailaba, miraba a mi cita y su baile al estilo pocoyó que me hacía reír. Y la música que poco a poco ves que te envuelve y te contoneas y te insinúas, pero solo un poco, para que no se note demasiado, y te acercas y le susurras algo y le tocas la cara con una ligera caricia y os miráis y ....
Dan las luces y se apaga la música, parece que van a cerrar. Tenemos que salir y regresar a casa. Podríamos ir a dar una vuelta, pero me quedo pensativa, mejor no, mejor cogemos un taxi y nos marchamos. Entonces volvemos al centro y paramos un taxi, nos despedimos... hablamos de volver a quedar, quizás. Y nos damos un rápido abrazo porque el taxi espera con la puerta abierta, y nos miramos, y en mi boca se quedan las palabras "me gustaría mucho volver a verte..." pero no las oye, él ya marcha y mi taxi se aleja. Miro a mi amiga y sonreímos. Ha sido una buena noche.

jueves, 30 de enero de 2014

Ligoteos

Cada vez que voy al banco es inevitable que sonría. Pensaréis que es raro, pero no es así y tiene una explicación.
Esta mañana tuve que ir a hacer un pago y arreglar unas cosillas, en total tenía que visitar tres bancos diferentes.
En el primero fui directamente al cajero, había salido sin dinero encima y tenía que tomarme un café o me quedaría dormida por la calle. Me di cuenta que los cajeros tienen una especie de retrovisores muy cuquis por los cuales poder ver si te atracan o si como yo tienes unas ojeras que te llegan a los mofletes. Nunca me había fijado.
Después he ido al segundo. Allí había una cola enorme, sólo había un cajero y al ser día de pensiones pues un montón de abueletes estaban ahí esperando su paga. El hombre que estaba en la caja es amigo, o al menos conocido, porque fue con el que empecé cuando terminé la carrera. Estuve tres meses de prácticas en una caja y sino llega a ser por él que me enseñó, creo que aún estaría haciendo fotocopias y quitando grapas. Le tengo un cariño especial y él a mi también porque nos hemos reído mucho mientras trabajábamos.
La situación era la siguiente: unos siete viejitos en la cola, un chaval rubio joven detrás de mi, una señora dando el pecho en una silla al fondo, una de las comerciales de la mesa jugando con el móvil mientras se reía, la otra cogiendo el bolso para salir a tomar algo y justo delante de mi un hombre de unos cincuenta años con cascos escuchando a Iron Maiden.
Todo iba bien hasta que el abuelo de detrás del rubio se ha colado y como si fuera un picaruelo ha intentado quitarle la bolsa de la compra al abuelo situado delante del de los cascos. La verdad es que he sonreído con la situación, parecía que en cualquier momento se iban a poner a jugar al corro de la patata con la señora sentada de la muleta.
Entre tanto jolgorio el señor de los cascos se ha metido la mano en el bolsillo y se le ha caído un guante, que no ha recogido porque era imposible que hubiese escuchado el sonido al caerse por el volumen de la música. He pensado en agacharme y cogerlo, pero estaba justo entre sus piernas e iba a quedar un tanto extraño que metiera mi cabeza por ahí para coger el guante. Vamos, que he visto mi propia foto en ese momento y he dicho que mejor me esperaba a ver si se daba cuenta.


Pero obviamente no ha sido así e incluso le ha dado un ligero puntapié enviando el guante hacia delante. Yo no podía parar de reír y el rubiales a mi espalda me miraba raro. Cuando el señor ha caminado hacia delante he podido llegar a la altura del guante y recogerlo, lo que ha motivado que el abuelo que estaba sentado en la silla justo enfrente de mi me mirase y dijera: "¡vaya culito tienes guapa!". Yo he agradecido el comentario diciendo: "lo sé, muchas gracias" y me ha tocado mi turno. Mi amigo que estaba en la caja me ha dicho que me echaba de menos y que ahora mismo podría estar trabajando con él y ayudándole que estaba solo. A lo que el viejo que se me ha quedado mirando mi culito le ha contestado que me contrataran, que él daba una parte de su pensión si yo me ponía detrás del mostrador.
Si, todo muy normal. La verdad es que tengo que pensarme eso de echarme un novio jovencito, creo que en la tercera edad es donde tengo mis seguidores.
Tras los cumplidos y bastantes minutos de espera, me he dirigido al tercer banco, en el cual también estuve trabajando un tiempo y donde tengo amistades. Lo cierto es que me he llevado muy bien siempre tanto con los de dentro como con la gente, si no sigo en el banco es porque a los jefazos no les sentaba muy bien que quitase tantas comisiones.
Como tenía que tratar un tema de empresa me he sentado con el comercial jovencito. Llegó hace poco a la oficina y la verdad es que me resulta muy interesante ver cómo se pone rojo ante determinados comentarios míos. Y es que yo lo reconozco, que suelto de cada cosa que es para echarme de comer aparte, pero me lo paso pipa.
Esta vez el comercial me estaba comentando que han cambiado al director de la oficina, señalándome hacia un chico de unos treinta y tantos. He mirado y no he podido evitar decir: "pues es mono, pero un poco bajito". Él me ha mirado riéndose y asintiendo, pero claro, ya que estábamos allí pues habría que conocer al nuevo director, y cuando se ha quedado libre, el comercial lo ha llamado para presentármelo. Me ha resultado muy agradable y cuando me ha dado su tarjeta le he contestado que en su ordenador tenía mi teléfono, para tomar café también.
Cuando se ha marchado le he preguntado al comercial si sabía si tenía novia, pero claro, parece ser que en un mes que lleva allí no se conocen demasiado (de haber estado yo ya me conocería su vida entera). Y hablando un poco me ha comentado que lo importante es tener buen corazón, lo cual me ha hecho gracia viniendo de un banquero, pero como hablábamos de relaciones yo con una sonrisa muy burlona le he dicho que lo realmente importante era el dinero que tuviera en la libreta.

Yo reconozco que soy muy bruta. Mis amigas dicen que asusto a los chicos, yo no lo veo así porque me gusta decir tonterías y reírme pero si que es verdad que si no me conoces o no estás acostumbrado pues te choca encontrarte alguien como yo.
Recuerdo un día que estaba trabajando en el banco y eran casi las 2 de la tarde y no había podido salir, llegó un chico de mrw a hacer un ingreso comiéndose una bolsa de patatas fritas y le pedí que me diera unas pocas. Fui muy descarada pero cada vez que volvía a ir me llevaba ruffles de queso para mi.

La verdad es que me encanta ser como soy, sin trampa ni cartón, desenfadada y ordinaria a veces pero con una sonrisa perenne.

Ya por la tarde me ha dicho mi madre que teníamos que aprovechar los últimos días de rebajas para comprar unas sábanas nuevas. Me he ido con ella a una tienda cercana a mi casa y el chico que nos ha atendido era alto, ojos claros y con una voz muy bonita. Le he comentado, medio cayéndoseme la baba, qué era lo que buscaba y cuando lo hemos encontrado le he dicho que quería probar el tacto de las sábanas. Me ha abierto el embalaje y me ha dicho que tocara, la verdad es que por mi cabeza solo pasaba el decirle que lo que quería era probar el tacto de la sábana con el roce de mi piel mientras le guiñaba un ojo y me subía los pechotes, pero como venía mi madre conmigo me he cortado, y es que ya de por sí me tiene por loca así que no iba a quedar muy bien decir aquello.
He comprado las sábanas y el chico con una sonrisa me ha dicho que esperaba que me gustasen, mientras yo por lo bajini respondía "contigo dentro seguro que mucho más".

Vale, llamadme lo que queráis pero lo que me río yo con estos ligoteos no está pagado y a veces tengo que tomarme la vida a risa porque de lo contrario... todo tendría un color muy diferente.

sábado, 25 de enero de 2014

Aniversario

Hace exactamente un año una noche como la de hoy abría este blog. La fecha elegida tiene un simbolismo especial o al menos lo tuvo durante un tiempo. Cuando esa fecha dejó de ser celebrada decidí empezar de nuevo y dedicarme este día a mi misma o incluso si podía y surgía, salir a distraerme con los amigos.
En un año han cambiado algunas cosas en mi vida, otras siguen exactamente igual como al principio, pero lo que creo más importante es que mi actitud ante la vida ha ido mejorando y las sonrisas, a pesar de no ser las mismas, salen con mayor intensidad y más asiduamente.

Hoy fue un buen día, por lo general los sábados siempre son buenos. Te levantas tarde y remoloneas en la cama, haces las compras necesarias para el fin de semana y quedas a tomar café con las amigas. Las noches de fiestas locas con la edad van llegando a su fin y nos entretenemos alargando la tarde con unas birras y contando las historias de nuestras vidas.
Esta tarde tocó el embarazo de una, su nueva casa, el trabajo de la otra y los deseos de comprarse unos bolsos carísimos que por lo visto cuestan más de 1000€. Para una anti-complementos como soy yo la conversación no tenía especial interés y me he dedicado a escuchar las frases donde hablaban de sus estados de ánimo y los cotilleos mientras veía de fondo el fútbol en una pantalla.
Cuando me han preguntado que por qué estaba tan callada y que contase qué tal mi vida, por un momento no he sabido qué contestar. Como siempre, supongo. Sin mucha novedad. ¿Alguien nuevo que te guste? Pues que yo sepa nadie, y si lo hubiese tampoco tendría muchos detalles que dar.
Yo no deseo comprarme un Louis Vuitton de 1200€ ni tener una casa de medio millón... soy tan terriblemente sencilla que soy feliz haciendo flanes de brócoli y yendo al cine cuando surge.
¡Ah! Se me olvidaba comentaros, dije a mis amigas, me he puesto un piercing de un diamante, en el chichi, cuando queráis os lo enseño.
Y así tras una estupefacción momentánea es como mis amigas han decidido pagar la cuenta e irnos. Si, a veces me sale la choni que llevo dentro.

Yo soy más de tomarme unas cañas y hablar distendidamente de los problemas que nos vamos encontrando, de nuestras anécdotas y de expresar los sentimientos, pero con las personas adecuadas.
Este año me he encontrado gente muy diferente por el camino, hace poco alguien me dijo: no esperes gustarle a todo el mundo, simplemente encajas o no encajas. Y a día de hoy ya no lo pienso. Y quizás mejor aún, ya no te pienso. Muchos problemas, quehaceres, historias...lo que yo llamo vida en general, ha hecho que deje de pensarte, de soñarte, de levantarme sin respiración en la mañana y que en un día como hoy pueda quedarme tranquilamente en casa viendo una película. Si, es obvio que si escribo esto es porque aún te recuerdo, pero ya no es como hace un año. Porque el tiempo pasa y parece mentira pero va curando, aunque es cierto que la gente que poco a poco se va metiendo en tu vida tiene mucho que ver en ello. Hay veces que te ilusionas, pocas pero hay algunas, y entonces tiendes tu mano y confías. El corazón siempre cerrado, pero con una ligera abertura... por si acaso. Por si acaso ¿qué? Por si acaso nada, o algo, nunca lo he sabido.

Quizás estoy hablando de amor, o quizás simplemente de olvido, el caso es que el tiempo pasa y todo sigue. De hecho acaba enero, en breve, con sus rebajas y su cuesta. Y da comienzo febrero, con su San Valentín y sus días. Así es como va pasando el tiempo, meses, días, horas, minutos... he logrado al fin conseguir ver pasar de esa forma el tiempo, como lo que es y no mientras contaba eventos. Y es que quizás con el tiempo, más si cabe, podría empezar a contarlo de otra forma, pero nada me lo asegura.
Ojalá un día me levante y alguien me provoque una sonrisa. Si, reconozco que hay personas que lo hacen incluso cada día, pero esa sonrisa no es la misma que yo tenía aquellos días.
Me robaste muchas cosas, me niego a pensar que yo dejé que te las llevaras contigo, y es ahora cuando me doy cuenta que deben surgir nuevas, mejores quizás, o simplemente distintas.

Hace poco me compré un bonito conjunto de ropa interior, color aguamarina, y al hacerlo ya no pensé si te gustaría, simplemente me miré al espejo y me vi guapa, con esa sonrisa mía y me dije ¡qué mas da que nadie lo vea, si lo que yo veo me gusta a mi misma! Y así es como empecé de nuevo, con pequeñas cosas, que a mi entender son enormes pero que tú ni nadie las entendería.

Este año me ha dado para contar muchas historias, en concreto 87 con ésta, han pasado muchas cosas más, pero precisamente el tiempo que te llevaste es el que me impidió escribirlas.
Y a día de hoy pienso si quizás este año debí haber hecho algo distinto, pero lo cierto es que no me arrepiento. Seguiré con mis historias, meteré personajes nuevos o los que ya tenía, tú seguirás en un recuerdo cada vez más lejano y yo mientras tanto, intentaré seguir viviendo.

Quiero desde aquí agradecer a todos los que a lo largo de todo este año me han seguido por las redes, me han leído y me han comentado. De cada uno he sacado un amigo. Hay personas que por muy lejos que estén siempre han sabido sacarme una sonrisa, porque no hace falta verse a diario para sentirse, simplemente con tenerse en el pensamiento es suficiente.

Gracias amigos, por tanto y tan bonito.