Es tiempo de Semana Santa, de recogimiento con la familia, de entonar el mea culpa y de poner la otra mejilla cuando alguien te daña porque hay que perdonar.
Es tiempo de regresar al pueblo, de ver procesiones a todas horas por las calles mientras escuchas saetas desde los balcones y los tamborileros pegan fuerte a sus instrumentos.
Es tiempo de estar en familia y de esas sobremesas que se alargan durante horas y mezclas desayuno, comida y cena todo en uno.
Es tiempo de que las ciudades se queden vacías y los pueblos se llenen de los habitantes huidos a las capitales o se agolpen en las playas los que prefieren coger el primer moreno del año.
Es tiempo de descansar y olvidarse de problemas o de recapacitar y pensar en cómo solucionar lo que va surgiendo.
Es tiempo de contrariedades, religión contra escepticismo, torrijas caseras contra mojitos en la playa.
En mi caso soy de tradiciones, de familia, de ver a los que habitualmente tienes lejos y escaparte unos días con ellos a disfrutar de esas cosas de pueblo que tanto se añoran.
Al día siguiente de llegar al pueblo, mis tías me propusieron que las acompañase a un acto multitudinario que se hace en la Iglesia antes de que den comienzo las procesiones. Un grupo de sacerdotes de los pueblos de alrededor se unen junto a los de aquí para las confesiones.
Siempre me ha parecido un tanto peculiar la forma de hacerlo y sobre todo porque parece que no hay otra fecha y todo el pueblo se reúne para confesarse el mismo día.
Y como es un pueblo pues me hace gracia pensar que la gente va a tropel para cotillear los pecados de los demás. Porque como los curas se sitúan a cara descubierta en cualquier rinconcito de la Iglesia y están rodeados de gente, pues es inevitable que escuches la conversación del vecino.
Me dijeron que había venido un cura jovencito bastante guapete y lo busqué entre el resto. Éste estaba dentro de un confesionario pero podías confesar cara a cara con él en lugar de a través de la rejilla.
No sabía muy bien qué contarle pero cuando llegó mi turno lo primero que hice fue decirle un "Ave María Purísima" mientras le miraba a esos ojazos verdes tremendos.
Entonces empecé a hablar sin pensar y le comenté que hacía bastante tiempo que no me confesaba pero que era una chica muy buena y tampoco tenía demasiado que contarle. Él comenzó a reírse y me dijo que aunque fuera buena debía ir más a menudo aunque fuera solo para desahogar mis penas. Estuve tentada a decirle que para eso tenía twitter y que podía seguirme pero una voz dentro de mi me decía que eso era pasarse un poco.
Así pues le conté mis humildes pecadines y tras una agradable charla y unas sonrisas me dijo que rezara tres ave marías y que volviera a verle antes la próxima vez. Yo creía haber ligado pero tras comentar el suceso con la persona que iba delante de mi me dijo que también le había sonreído y dicho cosas de ese tipo.
Por lo tanto llegué a la conclusión de que el joven y guapo sacerdote era majete y punto pelota. Otro más que cae en saco roto. Yo y mis imposibles.
El resto de días se han sucedido sin más, comidas y cenas familiares que nunca acaban y te engordan lo que no está escrito, quedadas espontáneas con amigos que hace tiempo que no ves y un aburrimiento generalizado que provoca hacerle fotos hasta a los tejados que se ven a través de la ventana de tu habitación.
Porque los pueblos donde hay tradición de Semana Santa son aburridos, no pasa nunca nada a no ser que en una procesión se caiga un santo o a alguien le de por morirse de repente.
Bueno, yo fui a la procesión del viernes por la noche. Me situé en una posición estratégica, iba detrás del alcalde y guardias civiles. Entonces me fijé en uno de ellos, me pareció guapísimo y al escucharle hablar me gustó más. Durante dos horas y media que duró la procesión estuve calculando de qué forma atacarle o decirle algo y cuando me acerqué vi que en su mano tenía una alianza y todos mis planes se vinieron abajo. Por el camino me enteré que llevaba un año destinado aquí y que se había casado hace poco. Así pues cabizbaja y afligida me marché a mi casa a comer rosquillas.
Aparte de todo este desastre amoroso también ha estado el futbolístico, porque hubo copa del Rey y mi equipo perdió contra el eterno rival, pero tras cabrearme muchísimo con toda mi familia (yo soy la única culé), decidí buscar un entretenimiento para las noches y me topé con algo muy interesante.
Se trataba de unas lecturas un tanto ejem ejem (pongamos dos rombos) que sin llegar a ser las 50 sombras tienen su aquel, y oye, para pasar unos días en el pueblo están muy bien, claro que esto ya iba dentro de los pecados que le confesé al cura. .
Finalmente hoy domingo de resurreción se ha terminado la Semana Santa. La tradición consiste en levantarse muy temprano e ir a la procesión del resucitado que finaliza en la plaza del Ayuntamiento. Allí tras unas palabras del sacerdote se prenden fuegos artificiales y luego todos van a la Iglesia a despedir a las imágenes por este año.
El cura, muy graciosete él, ha comentado que a veces se parecía a Fidel Castro, por lo cansino de su charla, pero que sólo se parecía en eso y que lo estaba intentando solucionar.
Cuando ha terminado el acto y como cada año, el cura nos ha invitado a su casa a comer tortillas con chocolate a todos, así pues ya que estamos... pues comemos.
Sin más pena ni gloria es como se pasan las vacaciones, y toca volver a la rutina y a las ciudades. Hoy regresó el mal tiempo, la lluvia nos acecha y es síntoma de que volveremos a cambiar. Pero también es cierto que hacer nuestra rutina, sea cual sea ésta, más agradable, solo está en nuestras manos.
domingo, 20 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Tiempo
Hoy alguien me dijo que alucinaba con la capacidad que tienen ciertas personas de invertir tiempo en completos desconocidos.
Parece una frase sencilla, que no entraña nada más que lo ahí expuesto, pero me he quedado pensando detenidamente en ella y me he asombrado del trasfondo de esas palabras.
Dicha frase venía a colación de que hace unos días me pasaron un texto para que lo leyera y diera mi opinión. La verdad es que no soy la típica persona a la que pasas un libro y te lo devuelve diciendo "si, está bien" porque no lo considero apropiado. Cuando alguien se esfuerza en plasmar su imaginación en las interminables hojas en blanco, los lectores apenas nos damos cuenta de todo el proceso que eso conlleva y cuando lo terminamos simplemente pasamos a juzgarlo sin ver más allá o intentar comprender lo que el autor quiso expresar con esas palabras.
Cuando empecé a leer lo que me pasaron no paraba de señalar palabras en rojo, poner "bocadillos" con pequeñas anotaciones y explicar el porqué yo lo veía así mejor o peor. Invertí tiempo en preguntar a gente sobre expresiones, busqué en la RAE significados de palabras desconocidas, pregunté a un par de amigos sobre el uso de determinadas palabras escritas en otro idioma e incluso hablé con una doctora sobre el comportamiento de algunos músculos y reacciones del cuerpo humano.
Lo cierto es que no tengo mucho tiempo para nada, el trabajo acumulado y mis múltiples aficiones me llevan a un continuo desastre espacio-temporal en el cual nunca acabo mis tareas o si éstas son muy urgentes, las suelo terminar con la antelación suficiente para que no me reclamen nada.
He aprendido a restarle horas al sueño, de hecho creo que cuando entra por la puerta de mi habitación lo hace de forma sigilosa y pidiéndome permiso para quedarse acurrucado a los pies de mi cama y esperar a que yo le indique que se pose sobre mi almohada.
Hace algo más de un año, cuando apenas tenía ánimos ni tan siquiera para llorar, la gente se esforzaba mucho en decirme que debía darme tiempo, que esperase a que todo se calmase, que ya aprendería a olvidar. Y sinceramente, nunca lo he considerado. El tiempo no cura nada porque hay hechos que siguen estando presentes dentro de mi incluso a diario, y lo que me salva de esos terribles sentimientos es precisamente ocupar ese tiempo. Ocuparlo en personas que pese a ser desconocidas me dan vida, aunque me roben horas de sueño cada noche.
Todo esto lo escribo con unas pequeñas lágrimas en los ojos que aún se me escapan sin poder poner remedio, pero es que siento cada una de las palabras que digo o escribo.
Como dije una vez por aquí, creo realmente en las cadenas de favores, y a mi no me cuesta mucho leer algo que me supone un entretenimiento y a la vez comentarlo si con mis comentarios puedo ayudar a alguien.
A veces me dicen que soy hiperactiva, que no puedo parar de hacer cosas, que no saben de dónde saco el tiempo para tanto... lo cierto es que si fuera una persona organizada sé que podría hacerlo mejor y no dejaría a medias tantas cosas como dejo, pero si se puede ayudar en algo, con poquito que sea ¿por qué decir que no?
Este fin de semana lo he pasado en casa, mis amigas tenían otros planes y yo decidí tomármelo con calma y quedarme leyendo. Además a mi madre se le antojaron torrijas y el sábado a eso de la una de la madrugada ahí estaba yo, batiendo huevos mientras ella veía el Sálvame deluxe y mi padre dormía.
Tengo que decir que mis torrijas quedaron estupendas, como no tenía pan pues las hice de bizcocho y no un bizcocho cualquiera sino uno de dos sabores, chocolate y vainilla. Luego las metí en leche, huevo y al aceite. Tardé cerca de dos horas y media en prepararlo todo pero ¿qué importa el tiempo cuando ves la cara de tus padres por la mañana con el desayuno servido?

Por eso me niego a permanecer durante horas sin hacer nada, porque en ese nada hay muchas cosas y ninguna buena para mi mente inquieta.
Quizás yo también podría escribir, sentarme delante de un ordenador y empezar a soltar mogollón de chorradas, como lo que hago por aquí pero con pinceladas de literatura bonita.
Supongo que me podría poner a hacer tantas cosas... y sin embargo en mis noches para evitar que los recuerdos me inunden me dedico a hablar con las personas, gente que pese a ser "desconocidos" se encuentran en un estado de insomnio como tú. Compartimos ideas, sentimientos, frustraciones, alegrías y a veces incluso aprendemos cosas, porque os aseguro que no hay noche que me vaya a dormir sin saber algo nuevo.
Entonces cuando me dan las gracias por algo, yo siempre las devuelvo y pienso: en realidad la agradecida debería ser yo, por confiar en mi dejándome leer algo que has escrito, por ayudarme cuando me siento mal cada noche, por preguntarme cómo te encuentras, por querer saber algo más de mi, por hacerme reír cuando quizás solo deseo llorar, por estar siempre ahí cuando te he necesitado.
Desconocidos que te llegan a tocar el alma, cuando apenas creías que seguías conservándola.
¿Tiempo? El tiempo lo marcamos nosotros, tú, yo y en definitiva la vida que nos rodea. Ojalá pudiera alargar las horas a los días, o en mi caso alargárselas a las noches, que son las que más juego me dan a la hora de leer y escribir. Ojalá pudiéramos chasquear el dedo y hacer que el tiempo pasara tan rápido como fuera posible en aquellos momentos incómodos que no deseamos vivir.
Sin embargo, el tiempo es siempre el mismo. Por mucho que queramos un día tendrá 24 horas, una hora constará de 60 minutos y un minuto de 60 segundos, ni uno más, ni uno menos. En nosotros está el aprovecharlo como deseemos.
Parece una frase sencilla, que no entraña nada más que lo ahí expuesto, pero me he quedado pensando detenidamente en ella y me he asombrado del trasfondo de esas palabras.
Dicha frase venía a colación de que hace unos días me pasaron un texto para que lo leyera y diera mi opinión. La verdad es que no soy la típica persona a la que pasas un libro y te lo devuelve diciendo "si, está bien" porque no lo considero apropiado. Cuando alguien se esfuerza en plasmar su imaginación en las interminables hojas en blanco, los lectores apenas nos damos cuenta de todo el proceso que eso conlleva y cuando lo terminamos simplemente pasamos a juzgarlo sin ver más allá o intentar comprender lo que el autor quiso expresar con esas palabras.
Cuando empecé a leer lo que me pasaron no paraba de señalar palabras en rojo, poner "bocadillos" con pequeñas anotaciones y explicar el porqué yo lo veía así mejor o peor. Invertí tiempo en preguntar a gente sobre expresiones, busqué en la RAE significados de palabras desconocidas, pregunté a un par de amigos sobre el uso de determinadas palabras escritas en otro idioma e incluso hablé con una doctora sobre el comportamiento de algunos músculos y reacciones del cuerpo humano.
Lo cierto es que no tengo mucho tiempo para nada, el trabajo acumulado y mis múltiples aficiones me llevan a un continuo desastre espacio-temporal en el cual nunca acabo mis tareas o si éstas son muy urgentes, las suelo terminar con la antelación suficiente para que no me reclamen nada.
He aprendido a restarle horas al sueño, de hecho creo que cuando entra por la puerta de mi habitación lo hace de forma sigilosa y pidiéndome permiso para quedarse acurrucado a los pies de mi cama y esperar a que yo le indique que se pose sobre mi almohada.
Hace algo más de un año, cuando apenas tenía ánimos ni tan siquiera para llorar, la gente se esforzaba mucho en decirme que debía darme tiempo, que esperase a que todo se calmase, que ya aprendería a olvidar. Y sinceramente, nunca lo he considerado. El tiempo no cura nada porque hay hechos que siguen estando presentes dentro de mi incluso a diario, y lo que me salva de esos terribles sentimientos es precisamente ocupar ese tiempo. Ocuparlo en personas que pese a ser desconocidas me dan vida, aunque me roben horas de sueño cada noche.
Todo esto lo escribo con unas pequeñas lágrimas en los ojos que aún se me escapan sin poder poner remedio, pero es que siento cada una de las palabras que digo o escribo.
Como dije una vez por aquí, creo realmente en las cadenas de favores, y a mi no me cuesta mucho leer algo que me supone un entretenimiento y a la vez comentarlo si con mis comentarios puedo ayudar a alguien.
A veces me dicen que soy hiperactiva, que no puedo parar de hacer cosas, que no saben de dónde saco el tiempo para tanto... lo cierto es que si fuera una persona organizada sé que podría hacerlo mejor y no dejaría a medias tantas cosas como dejo, pero si se puede ayudar en algo, con poquito que sea ¿por qué decir que no?
Este fin de semana lo he pasado en casa, mis amigas tenían otros planes y yo decidí tomármelo con calma y quedarme leyendo. Además a mi madre se le antojaron torrijas y el sábado a eso de la una de la madrugada ahí estaba yo, batiendo huevos mientras ella veía el Sálvame deluxe y mi padre dormía.
Tengo que decir que mis torrijas quedaron estupendas, como no tenía pan pues las hice de bizcocho y no un bizcocho cualquiera sino uno de dos sabores, chocolate y vainilla. Luego las metí en leche, huevo y al aceite. Tardé cerca de dos horas y media en prepararlo todo pero ¿qué importa el tiempo cuando ves la cara de tus padres por la mañana con el desayuno servido?

Por eso me niego a permanecer durante horas sin hacer nada, porque en ese nada hay muchas cosas y ninguna buena para mi mente inquieta.
Quizás yo también podría escribir, sentarme delante de un ordenador y empezar a soltar mogollón de chorradas, como lo que hago por aquí pero con pinceladas de literatura bonita.
Supongo que me podría poner a hacer tantas cosas... y sin embargo en mis noches para evitar que los recuerdos me inunden me dedico a hablar con las personas, gente que pese a ser "desconocidos" se encuentran en un estado de insomnio como tú. Compartimos ideas, sentimientos, frustraciones, alegrías y a veces incluso aprendemos cosas, porque os aseguro que no hay noche que me vaya a dormir sin saber algo nuevo.
Entonces cuando me dan las gracias por algo, yo siempre las devuelvo y pienso: en realidad la agradecida debería ser yo, por confiar en mi dejándome leer algo que has escrito, por ayudarme cuando me siento mal cada noche, por preguntarme cómo te encuentras, por querer saber algo más de mi, por hacerme reír cuando quizás solo deseo llorar, por estar siempre ahí cuando te he necesitado.
Desconocidos que te llegan a tocar el alma, cuando apenas creías que seguías conservándola.
¿Tiempo? El tiempo lo marcamos nosotros, tú, yo y en definitiva la vida que nos rodea. Ojalá pudiera alargar las horas a los días, o en mi caso alargárselas a las noches, que son las que más juego me dan a la hora de leer y escribir. Ojalá pudiéramos chasquear el dedo y hacer que el tiempo pasara tan rápido como fuera posible en aquellos momentos incómodos que no deseamos vivir.
Sin embargo, el tiempo es siempre el mismo. Por mucho que queramos un día tendrá 24 horas, una hora constará de 60 minutos y un minuto de 60 segundos, ni uno más, ni uno menos. En nosotros está el aprovecharlo como deseemos.
martes, 25 de marzo de 2014
En Venta
He pensado que hoy, un martes cualquiera del mes de marzo, podría ser un buen día para venderme. Hace tiempo que la gente me lo dice, aquello de quiérete más, di cosas más bonitas sobre ti, eres una chica estupenda...
Hoy voy a hacer acopio de todas esas cosas que de forma poco habitual se me dicen y las voy a exponer por aquí.
Ha llegado la primavera, dato útil donde los haya lo sé, y tengo ganas de sonreír un poco. A ver, que yo sonrío siempre pero me refiero a sonreirle a alguien de forma especial. Sí, esto de quedarse embobada mirando a una persona a los ojos y que se te olvide todo.
No voy a ser tan cursi de decir lo de que quiero que el estómago se me llene de mariposas porque tampoco es cierto. El estómago me gusta rellenarlo, pero de comida.
Pues bien, allá voy.
Para los que no me conozcan todavía he de decir que soy una chica encantadora, no tengo abuela ni por parte de padre ni por parte de madre así que puedo decirlo. El término encantadora puede englobar mogollón de cosas y en mi caso van desde ser divertida, atrevida, alocada, cariñosa, simpática, amiga de mis amigos y de los amigos de mis amigos, detallista, incluso hasta con bastante cultura general (muy a grosso modo vale), futbolera (que no deportista), cocinera, imaginativa y cuenta cuentos. Seguro que me dejo mil cosas más pero bueno, siempre está bien sorprender.
De mi mis amigas dicen bastantes cosas, la mayoría malas, pero seguro que es por envidia. Si oís algo malo de mi es porque yo lo hice mejor que ese alguien, bueno.... depende de lo que se esté hablando.
Si hay algo que mis amigas destacan siempre de mi es que bailo muy bien, sinceramente a mi no me consta porque yo no me veo. Empecé desde pequeña a hacer aerobic y era un poco patosa hasta que cogí el ritmo, luego me dediqué a coger un cepillo de pelo, meterme la camiseta debajo del top (por aquel entonces no usaba ni sujetador) y a poner a Britney Spears en la tele mientras yo la imitaba mirándome al espejo. Y así es como yo aprendí a bailar. Con el paso del tiempo he ido adoptando pasos de Beyoncé o de Shakira, pero siempre a mi estilo.
Lo cierto es que cuando oigo música que me gusta no puedo evitar moverme. Hace un par de días estaba cruzando el paso de peatones y un chico con un coche con la ventanilla bajada llevaba una música molona, pues yo soy de las que según cruzan por las rayas blancas va moviendo los pies incluso dando vueltas o saltos, según surja.
Entiendo que a veces sea un poco ridículo ir conmigo por la calle y que haya personas que se desentiendan de mi, pero es que si no le pones un poco de chispa a la vida... ¿Como que todo es muy soso no?
Recuerdo cuando el primer día de universidad entré a clase y había un chico que me sonaba de algo su cara. Me acerqué a hablar con él y le dije que creía conocerle de algo mientras le sonreía (he de decir que el chico ni era un Adonis ni nada parecido). Él me miró como si estuviera loca y muy serio me respondió: "no te conozco de nada".
Con el tiempo al chico pasaron a denominarle "el sin sal" y yo pues me gané el afecto de casi todos los de mi clase, vuelvo a repetir que los que me odiaban era por envidia seguro.
Siempre he sido muy descarada, no me he cortado en decir o hacer algo, lo que me ha traído consecuencias y no muy buenas, pero hoy estoy para contar lo mejor de mi... porque fallos tenemos todos.
No me voy a poner ningún pero porque como os he dicho soy maravillosa. Los hay que continuamente me están pidiendo que les mande una foto de mis tetas o cosas similares. No os voy a engañar, no tengo tetas. Bueno, tengo dos pero ni mucho menos del tamaño de las de Pamela Anderson, pero como yo digo se pueden agarrar y te caben en la mano (una en cada mano, no las dos en una se entiende) ¿Para qué más?
Hablo mucho, eso también es verdad. Pero oye, así no te puedes aburrir conmigo, además 4 de cada 3 cosas que digo suelen ser chorradas, con lo que es muy fácil reírse conmigo. También incluso te puedes reír de mi porque como he dicho suelo ser patosa y se me queda el tacón metido en cualquier agujero o si me das un par de cervezas más de la cuenta te canto una jota.
Bueno lo de cantar no es uno de mis mejores dones. Mi madre dice que en la voz me parezco a Amaia Montero, a veces también me dice que parezco un gato al que han pillado el rabo con la puerta, pero bueno, mi madre no es que me dedique grandes piropos porque me tiene muy vista y ya sólo ve los fallos.
Creo que a grandes rasgos puedo decir que esta soy yo, lo que me rodea es ajeno a mi pero a veces también me afecta. Así pues futuro comprador, seas quien seas, recuerda que tras el producto que vas a adquirir siempre hay unos sentimientos y que la garantía expira en el momento en que ese producto no sea cuidado como se merece.
Nota: Guardar en lugar fresco y seco. Sí, ahí mismo, al lado del brócoli.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Érase una vez una pequeña aceituna...
Ayer estaba dando un paseo al atardecer cuando recibí una extraña llamada de teléfono. Debido al ruido de los coches y que la zona por donde iba no tenía muy buena cobertura no me enteré muy bien de lo que el interlocutor me decía, simplemente me citaba a una hora en un sitio extraño al día siguiente por la tarde.
Un tanto extrañada y por lo que podía intuir de esa cita me quedé pensativa toda la noche y caí en la cuenta de que podía ser de una oferta de trabajo que eché hace bastante tiempo y de la cual ya me había dado por descartada.
Esta tarde tras comer rápidamente me puse el wonderbrá, un pantalón pitillo negro y un jersecito amarillo. Me gusta mucho ese color, y así, desafiando a la mala suerte he cogido el coche y me he dirigido hacia la dirección que creí entender. Pero más que dirigirme a un sitio concreto he salido a la aventura, porque entre que no escuché bien y que no tenía papel para apuntar nada, he decidido probar suerte. He acabado en un camino de cabras por donde no había ni un solo coche, claro que a las 4 de la tarde como mucho podría pasar por allí un rebaño de ovejas, pero si me perdía no tendría nadie ni nada donde preguntar.
Por suerte me he encontrado con la señal que me indicaba el camino a la finca. Se trataba de un paisaje bastante rural, todo estaba lleno de olivos y en pleno monte, muy bíblico todo.
Me ha recibido el hombre de la voz sexy preguntándome si era Gema, he asentido y me ha pasado a una sala donde me he sentado y ha empezado a hacerme preguntas sobre mi vida laboral y el porqué me interesaba el puesto de trabajo. Yo como siempre, voy a las entrevistas sin prepararme nada y luego salen los churros que salen claro. Pero a cada cosa que él decía yo le respondía de forma simpática y dicharachera. Me ha preguntado sobre mi nivel de inglés y me he empezado a reír porque no sabía si me preguntaría algo o tenía que ser yo misma la que me pusiera a hablar en inglés. Entonces él mismo me ha comentado que era el que más inglés sabía de la empresa y que no lo pronunciaba bien, ahí me he relajado bastante.
Lo más curioso ha sido cuando al final de la entrevista me ha dado un folio en blanco y me ha dicho que escribiera en él lo que quisiera y lo firmara. Mientras tanto él estaba delante de mi haciendo unas llamadas de teléfono.
Y bueno, yo no sabía muy bien qué poner exactamente así que me he inventado un cuento en unas pocas líneas. Puesto que la empresa es de aceites he escrito una breve historia sobre una aceituna que se sentía triste por no poder vivir en un parque de atracciones. Si, muy normal en mi.
El final de la historia solo se sabría si yo era contratada para el puesto. He puesto mi nombre y he firmado poniendo una carita sonriente.
Se lo he entregado y el hombre lo ha adjuntado a mi CV y nos hemos despedido. Me he querido imaginar su cara leyendo el cuento pero es que no puedo parar de reírme.
Al llegar a casa una sorpresa. Un mensajero de MRW ha llamado a la puerta, venía cargado con una televisión que había encargado para el día del padre. El chaval más salao que un bacalao, subía las escaleras con la tele en lugar de subir por el ascensor y le he comentado lo fuerte que estaba, a lo que me ha respondido que más fuerte que un toro, pero de cintura para abajo sobre todo. Nos hemos echado a reír, hemos dicho cuatro tonterías más y me ha dejado el paquete.
Cuando he ido a conectarlo me ha pasado poco mas o menos que cuando conecté la impresora. Ya que la televisión lleva conexión wifi para poder tener internet. Pero por mucho que lo he intentado, sólo he logrado poner los canales de televisión, lo cual es todo un logro en este tipo de cacharros.
Al final del día hemos cenado todos juntos, celebrando el día del padre con nuestra televisión nueva y comentado las anécdotas surgidas durante el día.
Quién sabe si dentro de unas semanas empezaré a contar anécdotas desde otro lugar...
lunes, 17 de marzo de 2014
Quijotadas
Hay días que suceden cosas inesperadas y que te hacen sentirte tremendamente feliz. Y hoy a pesar de ser un lunes cualquiera ha sido uno de esos días.
Este fin de semana me vine al pueblo a ver los carnavales y pasar unos días con la familia, que desde Navidad no había venido por aquí, y siempre pasa lo mismo, que llegas y todo el mundo te saluda como si hiciera años que no te ve, y las vecinas te ponen al día de las bodas que se van a celebrar y de las separaciones que ha habido mientras te preguntan que tú para cuando te casas y ensalzan tu cuerpo serrano. De hecho el domingo una hasta incluso me toqueteó el culo varias veces, que tuve que decir: si, mi culo sigue igual de redondo que siempre.
Esta mañana y aprovechando que estoy por aquí, todas mis tías se han reunido para darme las libretas de los bancos y que vaya a reclamar comisiones, hacer la PAC, poner al día las libretas, contratar nuevos productos... vamos, que como soy ex banquera pues yo tengo que solucionar todo de cuando en cuando. Así pues, con unas 5 libretas en el bolso he salido a la calle a recorrerme las oficinas. He hecho la PAC a mi madre, he conseguido quitar un par de comisiones, he puesto al día libretas que estaban desde el año pasado sin actualizar, he hecho un par de ingresos y cuando a eso de las 12 de la mañana ya regresaba a mi casa me he encontrado con un chico de mi edad por la calle. Me ha parado y me ha preguntado si sabía dónde había una tienda de informática. Yo como vengo poco por el pueblo no he sabido decirle ninguna, de hecho dudaba que hubiera alguna, pero como era tan guapo me he implicado un poco más y le he preguntado qué buscaba ya que le veía un poco inquieto.
Me ha comentado que buscaba un cargador de coche para el móvil, se le estaba quedando sin batería y estaba de paso por el pueblo y lo necesitaba de forma urgente.
Yo me he ofrecido a acompañarle a un par de tiendas de electrodomésticos que conocía y estaban cerca. Él me ha dado las gracias y por el camino hemos ido charlando.
Por lo visto era representante de una marca de medicamentos y estaba por la zona visitando las farmacias. Solía llevar dos baterías de móvil pero precisamente hoy se le había olvidado y entre que tenía que consultar varias cosas por internet y las llamadas tenía el móvil al 5% de batería.
Al llegar a los sitios que yo le había indicado la respuesta ha sido negativa, no vendían cargadores de móviles, sí móviles pero no cargadores sueltos. Y puesto que aquí no hay ninguna tienda de ninguna compañía telefónica pues la cosa estaba chunga. Me ha dicho que tendría que irse al pueblo de al lado a probar suerte y entonces se me ha ocurrido una genial idea.
Como los cargadores de los smartphones son universales le he ofrecido ir a tomar un café y yo le prestaba el mío. He supuesto que sería mucho más fácil encontrar un enchufe en una cafetería que un cargador de coche en una tienda.
Me ha mirado un tanto extrañado y entonces me ha pedido mi móvil para hacer una llamada. Se lo he dejado y ha llamado a su jefe diciendo que había tenido unos retrasos y tenía que quedarse hasta la hora de comer por aquí. Yo he sonreído y mientras hablaba me he puesto a pensar muy rápido qué iba a decir en mi casa.
Acto seguido le he dicho que me esperase en la cafetería que iba a por el cargador y volvía. He ido corriendo a mi casa, he dicho a mi madre que una amiga que se casa este año me había invitado a comer para contarme los detalles de los preparativos de la boda, he cogido el cargador y me he largado. Al llegar a la cafetería me lo he encontrado sentado en una mesa hojeando unos papeles. Me he sentado y he pedido un café con leche. Me ha preguntado si quería tomar algo, unas magdalenas o cualquier otra cosa, he dicho que no pero he aceptado la invitación del café. Hemos puesto su móvil a cargar en un rinconcito del local y hemos estado hablando un buen rato. Yo pensaba que se iba a ir pero me ha dicho que puesto que ya casi era la hora de comer y tenía que parar en algún pueblo ya le daba lo mismo quedarse aquí y puesto que yo conocía el pueblo seguro le sabría indicar dónde se comía bien. He estado a punto de decirle que en mi casa, pero obviamente con toda mi familia pululando no era muy lógico. Entonces me ha propuesto que me fuera a comer con él, como había sido tan generosa con el tema del cargador, con lo que se ahorraba en comprarse uno me invitaba a comer. Yo como ya lo había previsto he dicho que si y hemos ido a un sitio que me gusta mucho.
Al llegar nos hemos sentado en una mesa y hemos conectado de nuevo su móvil a la luz para que se terminase de cargar. Ha cogido la carta y mi sorpresa ha sido cuando ha pedido un revuelto de brócoli con setas y bacon. He estado a punto de hacerle la ola y ponerme a reír como una loca pero me he comportado y he pedido unas migas, si yo, la loca del brócoli ha pedido migas en lugar de brócoli. Durante la comida hemos hablado de todo un poco, él me ha contado más cosas suyas que yo de mi misma y me ha gustado pese a que la mayoría de la conversación giraba en torno al trabajo.
Cuando ha pedido el postre, tarta de chocolate, me ha dicho que la compartiera con él y yo casi me caigo de espaldas.
Todo era demasiado perfecto... hasta que su móvil ya cargado ha empezado a sonar.
Un "hola cariño" me ha hecho despertar de mi sueño, no era lógico llamar cariño a tu jefe, ni tan siquiera a tu madre o algún familiar, o no al menos en el tono en el que él lo hacía. Debía ser su pareja. Le preguntaba sobre qué hora iba a volver y qué tal llevaba el día.
En ese momento me he reído. A ver Gem, eres tú, no tienes suerte ni en el juego ni en el amor y eso es así. Esta vez no iba a ser diferente. Has pasado un rato agradable, te han invitado a comer y has ayudado a alguien. No hay más.
Entonces ha colgado el teléfono, me ha mirado y me ha dicho que era su mujer, acostumbraba a llamarle a la hora de la comida para preguntarle qué tal. Yo instintivamente he mirado su mano, no había alianza. Pero claro, eso hoy en día no significa nada. Él lo ha notado, y me ha visto como mi sonrisa se había apagado. Entonces me ha agradecido mucho lo que había hecho por él, me ha dado su tarjeta y me ha dicho que me acercaba hasta mi casa con el coche.
Nos hemos despedido y he dicho que prefería ir andando para bajar la comida. Y eso he hecho. He desconectado el móvil durante una hora y me he ido al parque. Mientras veía caer el sol una pequeña lágrima se me escurría por la mejilla, acto seguido una ráfaga de aire ha hecho que se me muevan los rizos y he mirado al frente. La figura del Hidalgo se erigía ante mi y secándome las lágrimas he sonreído.
He mirado a Don Quijote y he recordado sus locuras y como se empecinaba en luchar contra los molinos sin que nada le parase. Siempre he sido una Quijota y esto sólo había sido una aventura más. Me quedo con una de las frases que dijo Cervantes:
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades."
Este fin de semana me vine al pueblo a ver los carnavales y pasar unos días con la familia, que desde Navidad no había venido por aquí, y siempre pasa lo mismo, que llegas y todo el mundo te saluda como si hiciera años que no te ve, y las vecinas te ponen al día de las bodas que se van a celebrar y de las separaciones que ha habido mientras te preguntan que tú para cuando te casas y ensalzan tu cuerpo serrano. De hecho el domingo una hasta incluso me toqueteó el culo varias veces, que tuve que decir: si, mi culo sigue igual de redondo que siempre.
Esta mañana y aprovechando que estoy por aquí, todas mis tías se han reunido para darme las libretas de los bancos y que vaya a reclamar comisiones, hacer la PAC, poner al día las libretas, contratar nuevos productos... vamos, que como soy ex banquera pues yo tengo que solucionar todo de cuando en cuando. Así pues, con unas 5 libretas en el bolso he salido a la calle a recorrerme las oficinas. He hecho la PAC a mi madre, he conseguido quitar un par de comisiones, he puesto al día libretas que estaban desde el año pasado sin actualizar, he hecho un par de ingresos y cuando a eso de las 12 de la mañana ya regresaba a mi casa me he encontrado con un chico de mi edad por la calle. Me ha parado y me ha preguntado si sabía dónde había una tienda de informática. Yo como vengo poco por el pueblo no he sabido decirle ninguna, de hecho dudaba que hubiera alguna, pero como era tan guapo me he implicado un poco más y le he preguntado qué buscaba ya que le veía un poco inquieto.
Me ha comentado que buscaba un cargador de coche para el móvil, se le estaba quedando sin batería y estaba de paso por el pueblo y lo necesitaba de forma urgente.
Yo me he ofrecido a acompañarle a un par de tiendas de electrodomésticos que conocía y estaban cerca. Él me ha dado las gracias y por el camino hemos ido charlando.
Por lo visto era representante de una marca de medicamentos y estaba por la zona visitando las farmacias. Solía llevar dos baterías de móvil pero precisamente hoy se le había olvidado y entre que tenía que consultar varias cosas por internet y las llamadas tenía el móvil al 5% de batería.
Al llegar a los sitios que yo le había indicado la respuesta ha sido negativa, no vendían cargadores de móviles, sí móviles pero no cargadores sueltos. Y puesto que aquí no hay ninguna tienda de ninguna compañía telefónica pues la cosa estaba chunga. Me ha dicho que tendría que irse al pueblo de al lado a probar suerte y entonces se me ha ocurrido una genial idea.
Como los cargadores de los smartphones son universales le he ofrecido ir a tomar un café y yo le prestaba el mío. He supuesto que sería mucho más fácil encontrar un enchufe en una cafetería que un cargador de coche en una tienda.
Me ha mirado un tanto extrañado y entonces me ha pedido mi móvil para hacer una llamada. Se lo he dejado y ha llamado a su jefe diciendo que había tenido unos retrasos y tenía que quedarse hasta la hora de comer por aquí. Yo he sonreído y mientras hablaba me he puesto a pensar muy rápido qué iba a decir en mi casa.
Acto seguido le he dicho que me esperase en la cafetería que iba a por el cargador y volvía. He ido corriendo a mi casa, he dicho a mi madre que una amiga que se casa este año me había invitado a comer para contarme los detalles de los preparativos de la boda, he cogido el cargador y me he largado. Al llegar a la cafetería me lo he encontrado sentado en una mesa hojeando unos papeles. Me he sentado y he pedido un café con leche. Me ha preguntado si quería tomar algo, unas magdalenas o cualquier otra cosa, he dicho que no pero he aceptado la invitación del café. Hemos puesto su móvil a cargar en un rinconcito del local y hemos estado hablando un buen rato. Yo pensaba que se iba a ir pero me ha dicho que puesto que ya casi era la hora de comer y tenía que parar en algún pueblo ya le daba lo mismo quedarse aquí y puesto que yo conocía el pueblo seguro le sabría indicar dónde se comía bien. He estado a punto de decirle que en mi casa, pero obviamente con toda mi familia pululando no era muy lógico. Entonces me ha propuesto que me fuera a comer con él, como había sido tan generosa con el tema del cargador, con lo que se ahorraba en comprarse uno me invitaba a comer. Yo como ya lo había previsto he dicho que si y hemos ido a un sitio que me gusta mucho.
Al llegar nos hemos sentado en una mesa y hemos conectado de nuevo su móvil a la luz para que se terminase de cargar. Ha cogido la carta y mi sorpresa ha sido cuando ha pedido un revuelto de brócoli con setas y bacon. He estado a punto de hacerle la ola y ponerme a reír como una loca pero me he comportado y he pedido unas migas, si yo, la loca del brócoli ha pedido migas en lugar de brócoli. Durante la comida hemos hablado de todo un poco, él me ha contado más cosas suyas que yo de mi misma y me ha gustado pese a que la mayoría de la conversación giraba en torno al trabajo.
Cuando ha pedido el postre, tarta de chocolate, me ha dicho que la compartiera con él y yo casi me caigo de espaldas.
Todo era demasiado perfecto... hasta que su móvil ya cargado ha empezado a sonar.
Un "hola cariño" me ha hecho despertar de mi sueño, no era lógico llamar cariño a tu jefe, ni tan siquiera a tu madre o algún familiar, o no al menos en el tono en el que él lo hacía. Debía ser su pareja. Le preguntaba sobre qué hora iba a volver y qué tal llevaba el día.
En ese momento me he reído. A ver Gem, eres tú, no tienes suerte ni en el juego ni en el amor y eso es así. Esta vez no iba a ser diferente. Has pasado un rato agradable, te han invitado a comer y has ayudado a alguien. No hay más.
Entonces ha colgado el teléfono, me ha mirado y me ha dicho que era su mujer, acostumbraba a llamarle a la hora de la comida para preguntarle qué tal. Yo instintivamente he mirado su mano, no había alianza. Pero claro, eso hoy en día no significa nada. Él lo ha notado, y me ha visto como mi sonrisa se había apagado. Entonces me ha agradecido mucho lo que había hecho por él, me ha dado su tarjeta y me ha dicho que me acercaba hasta mi casa con el coche.
Nos hemos despedido y he dicho que prefería ir andando para bajar la comida. Y eso he hecho. He desconectado el móvil durante una hora y me he ido al parque. Mientras veía caer el sol una pequeña lágrima se me escurría por la mejilla, acto seguido una ráfaga de aire ha hecho que se me muevan los rizos y he mirado al frente. La figura del Hidalgo se erigía ante mi y secándome las lágrimas he sonreído.
He mirado a Don Quijote y he recordado sus locuras y como se empecinaba en luchar contra los molinos sin que nada le parase. Siempre he sido una Quijota y esto sólo había sido una aventura más. Me quedo con una de las frases que dijo Cervantes:
"Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades."
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