viernes, 8 de marzo de 2013

Charcos en el Camino

Cuando era pequeña me encantaba leer. Mi padre viajaba mucho por temas de trabajo y a su regreso yo acudía dando saltitos y preguntando qué me había traído. Las muñecas no me gustaban demasiado y aunque tenía algunas en mi habitación, se quedaban en una estantería sin ser usadas como un mero adorno. Cuando mi padre me compraba alguna ataviada con el traje regional de la ciudad que había visitado y veía mi cara de desilusión, cambió de estrategia y empezó a traerme libros. Los primeros fueron esos de tapas rojas de El Barco de Vapor con dibujitos en blanco y negro entre sus páginas. Mas tarde cuando me hice algo mayor los libros eran mas gordotes y con escasos dibujos. Recuerdo el día que me regaló La historia interminable. Lo cogí y tras leer la contraportada mi cabecita fantasiosa empezó a vislumbrar a Fújur el dragón blanco que volaba y ayudaba a Atreyu. Empecé a leer la historia la misma noche que cayó en mis manos, y la emoción que me embargaba se notaba en cada poro de mi piel. Aunque también hay que decir que me llevé un disgusto enorme cuando iba por la mitad del libro y me encontré de repente con dos páginas en blanco. Ese fin de semana cuando mi padre regresó le señalé el libro llorando y le dije que no podía seguir porque me faltaba parte de la historia. Finalmente cuando mi padre regresó a esa ciudad volvió a la librería y se lo cambiaron por otro, esa misma semana acabé el libro.
Hoy me he acordado de estos recuerdos porque cuando me he despertado no paraba de llover. Durante toda la noche ha estado cayendo agua como si del diluvio universal se tratase, y me ha costado abrir los ojos puesto que la habitación estaba tan oscura como si fueran las 9 de la noche. Y lo primero que ha venido a mi pensamiento esta mañana mientras permanecía en la cama escuchando la lluvia ha sido la imagen de un libro, un libro que hace muchos años me trajo mi padre y que guardo con mucho cariño en la estantería de mi habitación rosa junto a las barriguitas y los ponys.


He de confesar que ya no duermo en esa habitación, y que le cogí especial manía al color rosa debido a los gustos de mi madre por ponerme todo de ese color, pero tanto los libros como los juguetes de esa época los conservo en muy buen estado.
Los días de lluvia tienen algo especial, y es que hagas lo que hagas sabes que tienes que mojarte. Esta misma mañana tenía que salir a la compra, y de estas cosas que dices "pues tengo que ir a comprar..." y alguien te responde "pues yo también" y decidimos quedar en mitad del camino para tomar un café.
Os preguntaréis con quién he quedado. Pues ha sido con el personaje de alta alcurnia que conocí hace poco. Verle llegar dando saltos esquivando charcos y sacudiendo su paraguas me ha provocado la primera sonrisa de la mañana. Quedar a tomar café con él siempre es interesante. De hecho yo he tomado la decisión de llevar papel y boli para ir anotando todas las ideas que él va soltando por su boca mientras habla.
Hoy le he visto algo mas delgado que la vez anterior, y me ha hecho mucha gracia su atuendo, llevaba un jersey de cuello alto bastante gordito muy navideño, de hecho sólo le faltaban los renos de Santa Claus y que fuera rojo en lugar de azul.
Es un personaje de los que quedan poquitos. Te comenta historias tan interesantes que no tienes mas remedio que coger una servilleta, pedir un bolígrafo e ir anotando cosas, aunque finalmente te olvides la servilleta junto a la taza del café. Quizás otro día haga un post sobre esas ideas perdidas que se quedaron en las servilletas de los bares.
En ocasiones te mira con sus ojos entre azulados y grises y te habla sobre Bob Esponja o incluso de cómo utilizar un extintor para otros usos alternativos a los incendios. Es sencillamente genial.
Antes de decirnos adiós, él ha ido a comprar su periódico, el cual traía un cd de un curso de alemán, y a continuación me he despedido con una ligera reverencia hasta la próxima cita.
Por la tarde he ido a clase de alemán y lo mejor de la clase ha sido cuando me he ido a aprender la verdadera cultura alemana al bar a tomar unas cañitas y unos pinchos.
Yo creía que el día acabaría aquí, sin embargo por casualidades remotas me he enterado que esta noche actuaba en un local en mi ciudad Luis Larrodera, un cómico al que sigo y cuyo humor me encanta. Asi que tras salir del bar he ido a ver el monólogo.
Hacía muchísimo tiempo que no me reía tantísimo, y lo que me ha impactado es que en el descanso le he parado para que me firmase una foto suya y al decirle mi nombre, automáticamente sabía quién era en mi cuenta de twitter, y ha hablado conmigo como si fuera una amiga que hacía tiempo no veía y me ha contado alguna que otra cosa interesante sobre sus proyectos. Y cuando al final del show ha venido y me ha regalado una bolsa de Peta Zetas, que era parte de su monólogo, he sido la personita más feliz del local seguro.


Os contaré un pequeño detalle del tipo "tierra trágame" que me ha sucedido. En el descanso del monólogo he ido al servicio, y justo al salir por la puerta me he topado de frente con Luis, tal ha sido mi impacto que me he girado para intentar ir hacia mi sitio, que no me he dado cuenta que el camino que había elegido para escabullirme era en realidad un espejo. Al golpearme contra mi propia imagen, supongo que me habré puesto mas roja que un tomate, y cuando he visto que había alguien mirando, me he retocado el pelo como si tal cosa, me he girado hacia el lado contrario y he salido airosa de la situación, pero por dentro no podía parar de reírme de mi misma y de mi sentido de la orientación.

Quizás el día empezó con charcos en el camino, y como en la novela, lo único que tenemos que hacer es aprender a sortearlos o si nos meteos dentro, asegurarnos que llevamos unas buenas botas de agua, pero sobre todo hay que intentar acabar estos días de lluvia con grandes carcajadas, porque al fin y al cabo es algo que se contagia.

Mi consejo de hoy: En ocasiones es inevitable meterse en charcos, algunos inesperados, y otros que nos salpican sin darnos cuenta, pero está en nuestras manos el saber salir de ellos de forma airada e incluso aprendiendo lecciones valiosas. Antes de ir a dormir, procurad reír a carcajada limpia durante un buen rato, yo creo que hasta se rejuvenece.

miércoles, 6 de marzo de 2013

La vida es aquello que sucede mientras...

Es curioso que lleves toda una vida mirándote al espejo y viendo tu reflejo y te des cuenta que no sabes realmente cómo es.
Hasta hoy tenía todo muy claro, sabía cual es mi carácter, y creía estar preparada para muchas cosas, pero siempre te sucede algo que te hacen pensar.
Y es que la vida es aquello que sucede mientras caminas y va soplando el viento y va moviendo tus pensamientos de un lado a otro, agitándolos como si fueran hojas caídas del árbol.

Esta mañana cuando he ido al supermercado me he topado con una lista de la compra, y ha sido muy raro por que mirad dónde estaba:


Habitualmente la gente las suele dejar olvidadas en la cesta de la compra, pero entre las verduras nunca lo había visto y me ha llamado muchísimo la atención. Me he imaginado a una chica joven, posiblemente estaría cogiendo las cebollas o patatas cuando le ha sonado el móvil y se ha dejado la lista encima. Porque lo raro es que en su lista no hay ni tomates ni calabacines. Y entonces he tratado de imaginármela, escribiendo por el móvil, riendo mientras lee los mensajes de sus amigas o diciendo a su chico que estaba haciendo la compra y que esta tarde quedaría un ratito...

Por la tarde yo también he quedado, he ido a hacer varios recados, a mandar una documentación a correos, a apuntarme a dos cursos, uno de retoque de imágenes por ordenador y otro un taller de relato corto. En este último justo al llegar para inscribirme, el chico de la biblioteca me ha dicho que era la última plaza para el curso. Y he sonreído felizmente por llegar a tiempo.

Luego he ido a tomar un té, frutos rojos, mi favorito, y a aclarar las ideas. Ha sido una conversación conmigo misma. Delante de mi había un espejo, pero en este caso era él quien me decía cómo era y lo que sentía. Ha sido como verme a través de los ojos de un desconocido, y pese a que cada mañana me miro, he descubierto cosas interesantes.
Resulta que como a todas las mujeres y como una de ellas que soy, me queda muy claro el concepto de "me gusta gustar" y me halaga enormemente que se fijen en mi. Sin embargo no paras de repetirte una y otra vez si haces lo correcto, si cada paso que das no será un nuevo tropiezo. Las piedras están en el camino, y es cierto que te sirven para aprender, pero también hacen daño.
Hay momentos que ni siquiera sabes muy bien cuáles son tus pensamientos, dudas de todo, en esos momentos no hay nada mejor que quedar con un desconocido, mirarle a los ojos y preguntarle: ¿Qué ves?
El desconocido te observará atentamente durante un rato, mirará tu forma de gesticular, la manera en que coges la taza del té y si has dejado posos en la misma. Te soltará de repente algún chiste para ver tu capacidad de reír e incluso te puede hasta comentar temas peliagudos para ver si te sonrojas. Entonces te dice aquello que tú misma conoces pero que tratas de esconder dentro de tus capas de cebolla, y por primera vez te quedas sin palabras, sin réplicas. Miras al vacío y nada te llama la atención, solo tratas de verte en los ojos de ese desconocido y ver si es cierta cada palabra que se ha dicho sobre ti.
Estaba muy tranquila, ha sido como mirarte al espejo recién levantada pero desnuda, sin nada que oculte el lunar mas pequeño de tu cuerpo.
Y sientes tristeza, tristeza mezclada con un poco de nostalgia y finalmente orgullo. Un orgullo de mujer maltrecho por idas y venidas infructuosas, por caminos mal delimitados y tropiezos continuos.

Entonces algo en ti se resquebraja de repente, en un instante vienen a la imaginación las cosas que haces mal y las exigencias que impones, y es cierto, ya lo he dicho muchas veces. Soy muy exigente, conmigo misma y con los demás, no creo que sea algo malo, pero todo tiene un límite.
Finalmente una conclusión que te llena: no estás preparada.
Es probable, es difícil estar preparada para el día a día rutinario, para enfrentarte a lo desconocido y para sucumbir ante determinados sentimientos que te van sucediendo mientras vives...

Mi consejo de hoy: Si dudáis de algo, desnudaos ante ese "espejo", las heridas de guerra son visibles y es cuando realmente te das cuenta de cómo afrontar aquello que tanto miedo puede darte.

domingo, 3 de marzo de 2013

Cartas a Julieta

Esos domingos en que los días empiezan a ser soleados y te apetece hacer un montón de cosas antes de volver a tu rutina del lunes, son los que más se echa de menos tener a alguien a tu lado para organizar miles de planes.
Recuerdo que me encantaba salir a comer fuera, dar un paseo mientras charlaba de todo un poco, ir al cine por la tarde y terminar cenando en casa prontito y quedarme a su lado viendo una serie hasta la hora de dormir.
Cuando drásticamente tienes que cambiar tus costumbres, te das cuenta que muchos de esos domingos han pasado a ser los denominados "domingos de pijama", que te levantas tarde, apenas te apetece salir, y acabas la noche viendo la película de turno en la televisión hasta que llega la hora de dormir.
Muchas veces he pensado en cambiar estos domingos, salir a tomar algo con mis amigas o simplemente ir a dar una vuelta a solas con mis pensamientos.
Hoy quise empeñarme en tener un plan, a ser posible quedar con alguien con quien hablar, conocer personas nuevas y quizás sentir esas chispitas que saltan por primera vez. Sin embargo no hay nada mejor que hacer planes en tu cabeza para que estos no se cumplan, y el día de hoy ha sido demasiado relajado.
Por la tarde decidí salir a dar una vuelta, a solas, cámara en mano y móvil en el bolsillo silenciado. Aun lucía el sol cuando me adentré en el parque, miraba el pequeño lago y a los niños corretear de un lado a otro jugando. Unas cuantas parejas se cruzaron en mi camino de la mano susurrándose palabras imperceptibles. Sentada en un banco observaba todo lo que había a mi alrededor mientras mi mente permanecía quieta. Cuando el frío ha empezado a hacerse presente y mis pies lo estaban notando, he decidido marcharme. Por el camino he visto un grafiti en un árbol, es una de las cosas que más me molestan, esas pintadas sobre un ser vivo tan bello, y he leído lo que había escrito: "Siempre juntos". Entonces de nuevo han vuelto las historias a mi cabeza.
Ya en casa tocaba cenar prontito, manta y peli. Hoy ponían "Cartas a Julieta". Recuerdo que cuando la estrenaron fui a verla al cine y me gustó tanto que soñé que un día iría a la bella Verona a ver a Julieta junto a la persona que en ese momento estaba en el cine conmigo.


Pero el tiempo pasa y la vida sigue, y entonces te das cuenta de que dejar tus sueños porque haya personas que no siguen contigo no tiene ningún sentido. Y ahora os contaré mi historia con Julieta.
Este verano viajé a Milán con unos amigos. De camino a Venecia pasamos por Verona, al ver el cartel de la ciudad mientras viajaba en el tren decidí que no podía irme de allí sin visitar aquello que en la película se mostraba. Cogí una tarde libre y pillé el tren a Verona, iba a estar unas tres horas, pero merecía la pena. Durante el camino fui escribiendo la carta a Julieta, en mi mente estaba la película, el cómo iba a dejar la carta entre las piedras, y si quizás algún día recibiría una respuesta. Ya en la estación de tren y mapa en mano me encontré con que la casa de Julieta estaba bastante lejos de la estación de tren, y apenas contaba con tiempo suficiente antes de que la cerraran. Taxiiiiiiiiiiiiiiiiiiii
Y al centro de la ciudad que me fui. Y nada mas llegar, jarro de agua fría. La pared de piedras de la película no existe, la entrada a la casa está llena de pinturas donde la gente escribe, al fondo unas rejas llenas de candados con nombres y fechas.


Y la estatua de Julieta. Eso era lo único que estaba igual que en la película. La gente aguardaba para hacerse fotos tocándole un pecho, ya que supuestamente si le tocas y pides un deseo éste se cumple. Como había demasiada gente fui a visitar la casa por dentro y me sorprendí mucho cuando vi una sala con ordenadores donde las personas escribían sus cartas dedicadas a Julieta. Redactabas aquello que querías decirle y ponías tu dirección de email. Y yo carta en mano miraba aquel panorama y mi corazón se rompió en pedacitos. Escribí el mail a Julieta pero no supe qué decirle, y con lágrimas en los ojos volví a donde estaba la estatua y entonces cerré los ojos y pedí mi deseo. Cuando los abrí vi esto:


Me acerqué y observé que era una especie de buzón donde la gente dejaba las cartas escritas a mano, parecía estar lleno, pero no había recorrido un montón de kilómetros para nada, y empujando y estrujando sobres logré meter mi carta.
Cuando las puertas se cerraron no vi a ningún grupo de mujeres cesta en mano salir con las cartas, simplemente pusieron un candado y todo siguió igual.
Visité el centro de la ciudad, compré unas postales y diccionario en mano pregunté a una chica joven qué autobús debía coger para llegar a la estación de tren. Resultó que la chica tenía familia española y pasaba sus vacaciones en Salou, asi que además de explicarme qué autobús debía coger me acompañó durante el trayecto y me contó un montón de anécdotas.

En ocasiones las películas son sólo películas, en ellas todo es precioso, sin embargo la realidad es otra y es normal decepcionarse algunas veces. Pero lo que en esas escasas 4 horas sentí dentro de mi fue una experiencia alucinante. Es cierto que hubo un momento en el que las lágrimas aparecieron, recordando un pasado que no estaba allí conmigo, pero al llegar a la estación de tren escribí una postal, toda en italiano y con la ayuda de la chica que veraneaba en Salou. Esa postal iba dirigida a mi pasado. Y en ella decía que había cumplido mi sueño y que era capaz de seguir adelante.

Todos tenemos una historia detrás que nos hace recordar, añorar y entristecernos, sin embargo cuando miras al futuro ves que no puedes dejar de hacer algo por mucho que te recuerde a tu pasado.

Mi consejo de hoy: Nunca dejéis que nada ni nadie haga que vuestros sueños no se cumplan, con amigos, solos, bajo la lluvia o bajo el sol siempre seréis capaces de hacer aquello que os propongáis, solo hay que ponerse en marcha. Palabra de una Julieta soñadora.

viernes, 1 de marzo de 2013

Se busca


Hoy ha sido uno de esos días que tienes que ir tan rápido a todos sitios que apenas te da tiempo a fijarte si hace frío o calor, si llueve o hace sol. Anoche apenas dormí, tuve un sueño bastante extraño y esta mañana me desperté pensando en él. Aunque es cierto que hoy dada mi celeridad no he tenido tiempo ni de analizarlo.
Esta mañana iba yo por la calle ensimismada en mi mundo, cuando de repente un cartel me ha llamado la atención.



Me he quedado tan impresionada que he tenido que hacerle una foto. Casi a diario podemos ver en las farolas, escaparates de tiendas o cabinas telefónicas, anuncios de objetos o animales perdidos. 

Me llaman mucho la atención este tipo de carteles. 
Muchos de ellos están escritos a mano, con una letra legible y a la vez con trazos nerviosos. En cada uno de ellos hay un amor infinito hacia algo que se ha perdido y que se desea encontrar con gran fervor. Una fotografía de un perro con mirada lánguida suele acompañar esas letras. Las descripciones se hacen con cariño y a la vez con una desesperación profunda intentando llamar la atención de las personas que a su lado pasean. Piden testigos que hayan podido ver algo o quizás se hubiesen cruzado con el animal, se exigen llamadas de teléfono o alguna pista sobre su paradero. Por último, en ocasiones se ofrece una recompensa o un agradecimiento si se halla lo que se busca. 
En función de lo que esa pérdida signifique para el interesado, se suelen ofrecer unas cosas u otras, incluso en ocasiones se queda abierta la frase sin especificar claramente cual será ese premio y creando unas expectativas determinadas en función de cada lector. 
Éste en concreto hablaba de algo muy importante, crucial, de lo que dependían muchos puestos de trabajo. Ante tal anuncio qué menos que abrir mucho los ojos en cada paso que se da por si acaso encuentras el objeto, y ya no solo por la supuesta recompensa, en este caso "mayor que el contenido de la mochila" pero si son papeles ¿qué valor le podemos dar?, sino por el hecho de que había gente que dependía de eso. 
He continuado mi camino y de repente otro cartel, esta vez de un perrito blanco llamado Coco que se había perdido...
A cada paso que daba parecía que los carteles iban viniendo a mi, y no podía parar de imaginar el sufrimiento de esas personas o el dolor que podría causar la pérdida de esos objetos. 
Ya por la tarde había quedado a tomar algo e iba escribiéndome con mis amigas con el móvil cuando casi me choco con el cristal de una parada de bus, al mirar al frente y empezar a reírme yo sola por mi poca pericia, he visto de nuevo otro cartel: 


Y entonces he sonreído más todavía. He cogido una de esas sonrisas y me la he guardado en mi bolso.
Cuando regresaba a casa ya por la noche iba fijándome con cuidado en todo lo que me rodeaba, por si
encontraba la mochila, veía al perro o alguien había recogido alguna de esas sonrisas, y entonces me he imaginado a mi misma poniendo cartelitos por todas las farolas y cada uno de ellos contando una pequeña
historia. He pasado por un rinconcito muy bonito cerca de mi casa donde di mi último beso, ahí pondría algo así como: "Se busca un beso robado..." si camino hasta el puente y me quedo parada allí durante un momento, podría poner otro cartel diciendo: "Se busca promesa incumplida..."
Y así, podría llenar mi cuidad de bonitos carteles de instantes perdidos que no volverán a recuperarse. Y cuando alguien los lea, tendrán cuidado de que esos besos, esas promesas o esos abrazos que se dan, deben ser respetados, porque algún día puede que otra persona los encuentre en ese mismo lugar y no haya vuelta atrás. 

Mi consejo de hoy: Buscad a vuestro alrededor, ilusiones desperdigadas, sonrisas regaladas... y cuando encontréis aquello que habéis perdido, sed felices, sin más.




martes, 26 de febrero de 2013

Entre Clases

De todos es bien conocido que a las chicas nos gusta gustar, por el simple hecho de sentirnos bien y sentirnos queridas, nos gusta que estén pendientes de nosotras, que nos mimen, y que nos digan algo bonito. 
Cuando eso no pasa nos tenemos a nosotras mismas, nuestro carácter es tal que hemos de ser fuertes pese a las circunstancias. 
Lo malo de todo acontecimiento nuevo es que llega un punto en que te acostumbras a tener algo, te habitúas a una rutina que te hace levantarte con el pie derecho y acostarte con una sonrisa pese a que a lo largo del día lo sucedido no haya sido demasiado alentador. 
Esas rutinas agradables, tales como recibir un mensaje bonito que te ilumina el rostro o sentir que hay alguien que se desvela por ti en ocasiones, son las que poco a poco te van haciendo mella en tu pequeño corazón. 
Hoy alguien me ha dicho que tengo un escudo, pero es tal su grosor que dificilmente puede accederse a él. 
Soy muy consciente de ello. 
Durante la mañana de hoy iba a quedar con "el actor", una cita aclaratoria tras una trifulca algo extraña, encuentros y desencuentros lógicos dado nuestra forma de ser incompatible. No ha podido ser por unas circunstancias determinadas y finalmente se ha retrasado a la tarde. 
Yo hoy reconozco que llevaba la escopeta cargada como se suele decir. Esta tarde en clase de inglés me iba a encontrar con un compañero nuevo al cual conocía hacía unos 10 años atrás y con el cual no me llevaba especialmente bien. El reencuentro ha sido un tanto extraño, ni dos besos, simplemente un "parece que no ha pasado el tiempo por nosotros" pero que es totalmente erróneo ya que las llagas internas nunca se ven por fuera. Cuando te encuentras en un grupo de personas alguien que no te cae especialmente bien, te asaltan varias dudas, ¿cómo comportarte? ¿qué decir? y es que hay formas de ser que pasen los años que pasen no cambian, y una de ellas es la mia, de la cual estoy muy orgullosa. 
La clase ha pasado sin mas y no ha habido que lamentar ningún herido. A la salida alguien me esperaba en la puerta, alguien a quien ni siquiera sabes muy bien cómo saludar. Porque cuando la última vez que os visteis la despedida fue un beso, ¿qué hacer en citas posteriores? Es una de las dudas que siempre te asaltan. Diréis que si te gusta pues directamente le plantas otro beso y todos tan contentos, pero cuando dentro de ti no sabes muy bien lo que sientes... Las eternas dudas de un corazón roto. 
Parte de mis dudas vienen del fin de semana pasado, por determinados sucesos y malentendidos desaparece esa rutina que te hace sentirte bien, y aparecen sentimientos de relaciones que nunca llegaron a buen puerto y es cuando algo se rompe dentro de mi. Empiezas a pensar que no puedes luchar por algo que sabes que no va a funcionar, y acabas el fin de semana preguntándote qué estás haciendo. 
Hablas con tus amigas que te dan mil y un consejos, cada cual diferente, y acabas tomando el menos adecuado que es el que te dicta tu cabeza. 

Esta tarde hemos tomado un café rápido, yo sólo tenía una hora entre clase y clase, y al verle ahí esperándome con la bicicleta a la salida me ha recordado a aquellos amores de verano del instituto. No sabía cómo reaccionar, pero tenía claro lo que quería decirle. 
He acabado usando las frases típicas de toda mujer, no eres tú soy yo, no estoy segura de esto, creo que me has tratado de forma injusta o no sabes por lo que he pasado... 
Me he odiado profundamente mientras me estaba escuchando esas palabras, pero no tenía otras en mi cabeza. Expones todo aquello que piensas y dices eso de "se lo que quiero y tú eso no me lo puedes dar". ¿Cómo lo sabes si no me conoces aún? Intuiciones femeninas. 
Pero luego mientras tomas un café y ves cómo te mira, las  palabras que usa para contrarrestar las tuyas y las risas que nos provocan hechos tales como darte cuenta que hemos pasado un fin de semana sumergidos en nuestro orgullo, no te queda mas remedio que reírte a carcajada limpia. Y sueltas estupideces varias como "te eché de menos" mirándole a los ojos, y él te suelta que le gustas y que por eso está aquí. Son frases en las cuales no te queda otra que comentar que eres así, sin mas, que en ocasiones hay que luchar por lo que se quiere, y que si no luchas te haces una idea de lo que esa relación puede ser dentro de unos meses. ¡Pero es que esta discusión es la típica de una pareja dentro de 8 meses pero no en dos semanas! Si, pero mi problema es que me muestro tal cual soy desde el minuto cero en que me conoces hasta el final, no hay mas, puede que me esconda tras un escudo, que apenas te deje ver mis sentimientos pero lo que te ofrezco es lo que hay, sin mas. Y de repente un silencio. Esa ausencia prolongada de palabras en la que por tu mente no pasa una sino mil imágenes, pasadas y futuras. No hay un presente ni un ahora. Recurres a tu pasado para saber qué es lo que no quieres tener en tu vida, esas vivencias que te aportaron un aprendizaje son las que ahora vuelven a recorrer tu mente, y vislumbras ese futuro. 

Finalmente te das cuenta que llegas tarde a tu siguiente clase y sales corriendo, le miras a los ojos al despedirte y un beso en la mejilla que dura más de lo habitual. Y no miras atrás, pues tu futuro lo tienes delante y de momento solo sabes que llegas tarde. 
¿Mañana? Mañana quizás suba el pan, la gasolina baje, vea un burro volando y mi corazón de un vuelco y se ponga patas arriba. 
¿Hoy? Hoy solo se que cada vez que quedo con él mi equipo de fútbol pierde y el suyo gana. 
¿Ayer? Simplemente pasó, y las heridas que quedan por cicatrizar necesitan su tiempo. 

Mi consejo de hoy: No deis por supuesto aquello que desconocéis, pues todos tenemos una historia que nos ha hecho ser las personas que somos ahora. Mostrar los sentimientos y expresar lo que se quiere desde el inicio no es malo, es algo necesario.