martes, 26 de marzo de 2013

Confianza Ciega

¿Recordáis un programa de telerrealidad allá por el año 2002 basado en la confianza entre las parejas?
Si, reconozco que no era de lo mejor de la televisión pero en el trasfondo de lo que posteriormente ha pasado a denominarse "telebasura" tenía una parte de aprendizaje importante.
Y es que estos tipos de programas tan queridos por algunos y odiados por otros, no dejan de ser experimentos sociológicos con personas. Quizás hoy día ya un poco alterados por el efecto que han supuesto en la sociedad, pero al ver el comportamiento humano no dejas de pensar en cómo tú mismo te comportarías en esas mismas circunstancias.

Últimamente me cuesta mucho tener confianza ciega en las personas. Siempre he sido de confiar demasiado. Incluso cuando con recién cumplidos los 18 me fui a estudiar a Madrid y mi madre no paraba de decirme que tuviera cuidado en el metro, en la calle y en todas partes, yo iba tan feliz, nada me preocupaba en exceso. Un día me sucedió una anécdota muy graciosa. Iba en el autobús camino de mi piso cuando dos mujeres un tanto inquietantes no paraban de removerse en su asiento. Reparé en ellas como podía haberme fijado el cualquier otra persona. Llegó mi parada y apreté el botón para que el autobús parase. De pronto las dos mujeres se levantaron de su asiento y siguieron mi mismo camino. Eran casi las 9 de la noche en pleno invierno y la zona donde yo vivía estaba llena de árboles. De cuando en cuando miraba de reojo pero seguí andando. En un paso de cebra veo como las dos mujeres se esconden tras un árbol mirando hacia donde yo estaba. Entonces cuando ellas salieron de golpe de su escondite dando un pequeño salto yo paré de repente y las miré fijamente, agarré mi mochila y puse cara de enfadada. Ellas me miraron extrañadas y al poco una chica que venía detrás de mi leyendo se sobresaltó al ver que sus amigas se le echaban encima. Fue muy gracioso porque al final las dos mujeres me pidieron disculpas entre risas y me dijeron que mi cara era todo un poema.
Todos los "consejos" que mi madre me había dado me habían repercutido tanto que ya no era capaz de analizar cuando una situación era de peligro o no.
Y desde entonces empecé a confiar en la gente sin dejarme influenciar por aquello que otros me dijeran.

Conocer a alguien nuevo y confiar siempre es difícil, vas con pies de plomo y observas cada detalle analizando pros y contras. Y eso cuando se trata de un futuro amigo/a, porque si vas con otras intenciones esa confianza empieza siendo cautela y con el paso del tiempo se convierte en algo más.
Si, es complicado. Algunas veces he creído tener un sexto sentido para ver a través de las personas, mirarles a los ojos y saber si son dignos de mi confianza, pero no es así. Como todos me suelo equivocar, y en ocasiones lo hago tan a lo grande que cuando me pasa no puedo evitar llevarme un buen disgusto.
Es cierto que cuando recién conoces a alguien y empiezas a confiar, al mínimo fallo empiezas a sentir que no podrás contarle mas cosas de ti, pero luego te das cuenta que la vida hay que vivirla, hay que equivocarse, conocer gente y dejarla ir.
Reconozco que cuando alguien muy allegado a ti rompe esa confianza es difícil sobreponerse, incluso no intentar algún tipo de venganza acorde con las circunstancias, pero con el paso de los años y la vida en general, te das cuenta que nada de todo eso merece la pena.

Esta mañana y tras estar varios días convaleciente con fiebre, he salido a tomar café con dos personas que he conocido hace muy poco. Ambas son muy queridas para mi y aunque en ocasiones no conozcamos la vida de esas personas por completo, es bonito quedar y contarnos las últimas anécdotas y reírnos con lo que nos sucede.
En ocasiones te pasa que vas caminando por la calle y una mariposa se te cruza en tu camino, la observas atentamente y hasta puedes identificarte con su aleteo.
Y eso es algo muy bonito, leer a alguien y sentir como te cuelas en su vida poco a poco. Que te conozcan y que sepan que pueden confiar en ti para contarte cualquier problema. Y mostrarte cual eres y que te pidan consejo sobre cómo actuar.

En ocasiones lo que necesitamos es creer...



Mi consejo de hoy: Ante todo nunca perdáis la confianza en vosotros mismos, es la más importante. Después podéis ser precavidos o lanzaos al agua sin mirar, pero pase lo que pase recordad que el movimiento se demuestra andando.

sábado, 23 de marzo de 2013

Final de Fallas

Y cuando parecía que no nos podían suceder más cosas... una llamada. Esas llamadas que te rompen en dos  y te hacen pensar que aquello que quieres lo tienes a escasos diez minutos y sin embargo atravesar esa corta distancia sería como cruzar el desierto del Sahara sin agua y descalzo a pleno sol. Y los recuerdos vuelven a ti sin poder evitarlo, las lágrimas aparecen y deseas estar muy lejos. Sin embargo te miras al espejo, te lavas la cara con agua helada y sonríes. Nadie notará que he llorado.

Recogemos todo mirando que nada se nos olvide, y entonces la chocolatina del autobús aparece en la cocina. Mi amigo nos mira diciendo: "No se de quién es la chocolatina, pero no la dejéis por aquí, tiene el mismo nombre que el de la mujer que vivía aquí y no es plan de remover historias pasadas".
Y entonces mi amiga y yo nos miramos y me vuelve a decir aquello de: "nada es casualidad". La vuelvo a meter en mi bolso y voy a por mi maleta.
Mi amiga con una maleta nueva y la vieja en la mano que decide abandonarla al lado de un contenedor. Hay que eliminar las cosas viejas que no nos sirven me dice. E inmediatamente pienso en los recuerdos, en cómo deben quedarse allí junto a esa maleta y no regresar conmigo otra vez.


Bajamos a la calle, la idea es ir a comer pronto al bar de Julio, coger un taxi y que nos lleve a Valencia. Pero por el camino nos encontramos un niño tirando petardos, y le preguntamos dónde los ha comprado. En todas las fallas no habíamos tirado un solo petardo asi pues nos dirigimos a la tienda y un enorme cartel nos recibe explicando todos los tipos de petardos que hay: bombetas, chinos, borrachos, carpinteros, masclets y un sin fin de especies desde 1€. Realmente me da un poco de miedo tirarlos, siempre soy muy cauta en ese tipo de cosas, pero mis amigos a pesar del miedo inicial deciden comprarse unos 500 petardos e irlos tirando por las calles. Y como si de una droga se tratase deciden repartírselos entre sus maletas por si acaso los de Renfe les llaman la atención.
Así tirando petardos nos dirigimos al bar, pero parece ser que no da comidas, solo cenas, con lo cual tenemos que cambiar los planes. Nos vamos a otro bar cerca de la estación del tren, donde un camarero muy simpático nos atiende diciendo que acaban de hacer una paella, por si nos apetece. Pero yo me pido un arroz negro, para despedirme de la tierra y mis amigos un sepionet, que viene siendo una sepia grandecita.


Rápidamente cogemos un taxi, vamos bien de tiempo. De camino a la estación pasas por esa calle, y se te hace un nudo en la garganta y tienes ganas de gritar que pare y bajarte, pero en lugar de eso sonríes y miras para otro lado.
¿Y si nos tomamos algo para despedirnos de las fallas antes de coger el AVE? Y acabamos aquí...


Estamos brindando cuando de repente mi amigo dice: ¿dónde está mi bolso? Y empezamos a buscar por todas partes sin encontrar nada. Los camareros no han visto nada y nosotros sin saber cómo ha podido pasar empezamos a remover cielo y tierra y escasas dos horas de que salga el tren.
Dentro solo llevaba unas gafas de sol graduadas y poco más. Nada importante pero aun asi te fastidia que pasen esas cosas. Decidimos dejarlo por imposible y marcharnos, y cuando íbamos camino de la estación otra llamada.
"Disculpe, tenemos un bolso que tiene unas tarjetas de visita donde aparece su nombre. Se lo ha dejado olvidado, pase a recogerlo cuando quiera".
Unas tarjetas de visita han hecho que nos localicen y al final hasta acabamos riéndonos de la situación. Regresamos al local y allí nos dicen que no saben nada del bolso. Volvemos a llamar al teléfono que nos había llamado y parece ser que era de un local de juegos. Menos mal que estaba en el centro y no debíamos desplazarnos mucho. Llegamos al local tras unas cuantas vueltas y un hombre fornido nos recibe diciéndonos que el bolso lo había encontrado un cliente en el baño. Y entonces nos hace la pregunta más graciosa del día: ¿de qué era el bote? ¿Perdón? Respondemos a la vez. Si, dentro del bolso hay un bote, ¿de qué es?
Y entonces es cuando empezamos a alucinar. Osea, nos roban un bolso, me llaman porque tengo unas tarjetas de visita dentro y me está preguntando de qué es el bote que llevo... Increíble.
Al final nos lo da, dentro del bolso solo hay una fanta de naranja y las tarjetas. Ni rastro de las gafas de sol, que esperamos que quien las haya robado tenga la misma graduación.
Corriendo nos dirigimos al AVE, compramos un par de cosas típicas de recuerdo y nos subimos al tren.
Sorteamos los billetes. Somos tres y uno de nosotros debe ir solo. Le toca a mi amiga. Yo me siento al lado de mi amigo y vamos hablando de todo lo sucedido esas últimas horas. De repente un chico alto y guapo se sienta al lado de mi amiga, y maldigo mi mala suerte. En el trayecto vamos mandándonos mensajes preguntándonos qué será. Lleva una tablet, unos cuantos artículos, el smartphone con su twitter abierto y que no logramos visualizar, subraya palabras todo el tiempo y en un mini cuaderno apunta ideas. ¿Será periodista? le pregunto a mi amiga. Dile que tengo un blog...jajajaja
Entonces nos cansamos y decidimos ir a la cafetería del tren. Los vagones están bastante vacíos, no hay mucho movimiento. ¿Nos tomamos la última copa?


Y con nuestra "copave" en mano y viendo el paisaje lluvioso nos vamos alejando del levante. La capital nos espera. Brindamos por esos días de risas, por las personas nuevas que hemos conocido, por lo bien que nos lo hemos pasado y porque la siguiente no tarde mucho en darse.
Creo que tengo un poco de fiebre, me noto la cabeza demasiado caliente pero no se si es por la bebida o que cogí frío la noche anterior. De todas formas ya pronto estaré en casa.

Tan sólo hora y media después ya estábamos cogiendo el bus camino a casa. Abro el bolso para sacar una botellita de agua y la chocolatina se me cae al suelo. Ahí donde la encontré, ella misma se ha vuelto a situar. La recojo y la pongo en la ventana. Se queda quieta durante todo el trayecto hasta que al final en un movimiento brusco del autobús se cae y no la encuentro. Decido que siga su rumbo.
Llegamos a nuestro destino. Se baja todo el mundo y nosotros nos quedamos los últimos. Según bajamos las escaleras mi amigo ve la chocolatina y me pregunta ¿qué hace esto aquí? Y mi amiga y yo riéndonos la cogemos y la volvemos a dejar en el suelo donde la habíamos encontrado.
Quizás si alguien la recoge ni siquiera se imagina todo lo que esa chocolatina ha recorrido.

Es una pena no habernos quedado a la cremà, pero para los que trabajan el miércoles es imposible ya que empiezan a quemarse a eso de la 1 de la madrugada y verlo todo a veces es imposible. De todos modos se puede seguir por la televisión puesto que siempre lo retransmiten. Yo os voy a dejar con una foto de archivo de una pequeña falla, es de hace unos años, pero os aseguro que el humo y el fuego son prácticamente iguales todos los años.


Cuando las ves quemarse te da mucha pena e incluso te dan ganas de coger algún ninot y guardártelo de recuerdo, pero luego piensas que si no se quemaran no podrían acumular tantas y no tendría sentido esta fiesta.

Sin mas me despido, me habré dejado mil detalles y alguna que otra historia pendiente de contaros, pero espero que os haya gustado. Ya sólo queda volver a la rutina.

viernes, 22 de marzo de 2013

Fallas 2013: Parte III

Y el lunes, con cara de zombies nos dirigimos a ver la mascletá. Nuestro amigo El Toni parecía como nuevo mientras que el resto si nos dejan abandonados en uno de los bancos donde esperábamos al tren, ahí que nos quedamos. Pero era obligación ir a la mascletá este día puesto que la hacía la pirotecnia Caballer, una de las mas famosas de Valencia. Así pues nos armamos de valor y con los ojos tapados por las gafas de sol fuimos a coger el cercanías.
En plena estación  y mientras dábamos un cabezazo mientras llegaba el tren, nos encontramos con tres chavales pintando la fachada de un edificio, dos de ellos subidos a un andamio y sujetos con sus monos de trabajo, un par de pisos mas abajo el chuleta de turno, medio desnudo, solo con un pantalón corto, cuando hacía frio y estaba medio lloviendo, pintando de blanco y cantando la canción del momento a los que allí estábamos e íbamos a ver la mascletá ese día:


Y mientras ellos cantaban yo me dormía apoyada en el hombro de El Toni. Cuando llegamos a Valencia, para espabilarnos un poco nos fuimos a desayunar a Los Toneles, por lo visto bar típico en pleno centro de Valencia y que desconocía por completo. Un desayuno que resucitaba a un muerto:


Dos jarras de cerveza por cabeza, ración de bravas, dos bocatas de calamares, ración de caracoles en salsa y croquetas. Si, un buen tentempié antes de la mascletá. Y es que para quien no lo sepa, hay que ir bien provisionado a este evento ya que si te pilla un día de calor, la gente empieza a agolparse de tal forma que puedes llegar a agobiarte. Lo bueno es estar en plena plaza para escucharlo de frente, pero es muy difícil acceder ya que la gente suele irse muy pronto para coger sitio. Y nosotros bien es cierto que nos retrasamos con nuestro "desayuno" y llegamos un poco tarde, pero como se trata de escuchar, nos conformamos con situarnos en una de las calles cercanas y esperar esos seis minutos de colosal ruido.
Y a las dos en punto de la tarde, las falleras junto a Rita Barberá dicen aquello de:
"Señor pirotecnic, pot començar la mascletá" y de esta forma empiezan a subir los decibelios.


Y un cielo azul como el mar se convierte en una nube de polvo donde apenas se ve nada, no llegas a distinguir las calles y solo queda esperar hasta que el tumulto de gente se vaya dispersando.
Tras la mascletá comer por el centro de Valencia sin tener nada reservado es una tarea casi imposible. Nosotros decidimos alejarnos del bullicio e irnos hasta la playa. Nos costó mas de una hora llegar a El Trompo, un restaurante con vistas al mar y cuyo camarero El Alfredo, era todo un personaje, otro valenciano de pura cepa, que te empieza a hablar tan rápido que apenas consigues pillarle media frase.


Diréis qué cosa más negra...pero es un vicio este arroz. Yo cada vez que voy a Valencia tengo que comerlo, he de confesar que la paella no es mi fuerte porque estoy muy acostumbrada a comer las del centro, paellas que para los verdaderos valencianos consideran un insulto, pero el arroz negro es mi perdición. Una paella preparada para 8 personas y que finalmente fuimos 5 hizo que me comiera dos platos llenos bien a gusto, y no repetí porque ya era demasiado pero a punto estuve de pedirle un tupper.
Tras la paella, cervezas y chupitos nos fuimos a dar una vueltecita por la playa, que pese al frio hacía una tarde agradable.


Después y con todo el cuerpo lleno de comida y bebida no tuvimos mas remedio que volver a casa para descansar un par de horas, cenar y volver a Valencia para el ver la Nit del Foc, que consiste en lo que en Valencia denominan un gran castillo de fuegos artificiales. Nunca entendí el porqué le llamaban castillo, ya que por mi zona son fuegos artificiales simplemente, pero asi es. Fuimos a cenar al que bautizamos como el Bar de Julio, y es que allí tanto el dueño como el hijo que regentaban el lugar se llamaban así, todo iba bien hasta que fuimos a pillar el cercanías y nos dimos cuenta que lo habíamos perdido por 15 minutos.
¿Solución? Llamar a un taxi para que nos acercara hasta Valencia. Y entonces viene a recogernos un taxista argentino, hacemos recuento, ups, somos cinco. Lógicamente no podemos ir todos en el mismo taxi. Nos separamos en dos grupos, chicas y chicos, a ellos los metimos en el taxi con el argentino y nosotras empezamos a hacer autostop de esta forma para reírnos un poco:


Pero parece ser que nadie nos quería parar, asi pues tuvimos que esperar a que llegara el segundo taxi, un morito un tanto extraño que no hacía otra cosa que mirar por el espejo retrovisor mientras nosotras canturreábamos. Y al fin pudimos cumplir uno de esos sueños que todo el mundo tiene cuando nos preguntó dónde ir y dijimos: Siga a ese taxiiiiiiii mientras reíamos.
Llegamos a nuestro destino, otra vez un montón de gente se agolpaba por las avenidas para ver el espectáculo. De camino hasta un punto cercano me inundaron un montón de recuerdos. Los fuegos artificiales es uno de los momentos mas bonitos de las fallas, que pese al frío que se pasa porque en las noches las temperaturas bajan bastante, recuerdas cuando te dabas prisa en cenar y salías corriendo de casa para coger un buen sitio, y mientras esperabas durante un par de horas al menos, tu pareja te abrazaba cuidando que no tuvieras frío. Y te encontrabas rodeada de gente, sin apenas hueco para moverte, pero no había nadie, sólo unos brazos que te abrigaban. Y es inevitable que una pequeña lágrima se quede posada en los ojos. Lo atribuyes al frío y sigues adelante. Entonces llegas a un punto de no retorno, donde no puedes ir ni hacia delante ni hacia atrás. Y sobre la 1:30 de la mañana empiezan los fuegos de colores, y los recuerdos te golpean fuertemente y entonces abrazas a tus amigas asiéndolas de la cintura, esta noche estoy con vosotras. Y te miran a los ojos y te plantan dos besos, cada una en un carrillo, dejándote la marca rosa de su pintalabios. Durante casi media hora de fuegos de todos los colores y oir de fondo a la gente decir: "Ohhhhhh" de repente una voz que nos es muy conocida suelta: "puf qué tostón". Y las risas hacen que nos olvidemos de las tristezas y del frío. Nos imaginábamos a las personas grabando los videos con sus cámaras y al fondo la voz del Toni diciendo aquello... ¡qué grande!


Y con la sonrisa en la boca coges a tus amigas, al Toni y al Rodas, y caminando hasta el centro vas pensando en la fiesta que tendrás a continuación. La caminata es bastante larga, y sin darnos cuenta perdimos al Toni, el cual se paró a ver un grupo callejero que estaban tocando y bailando a lo Mayumaná y allí que se quedó hasta que lo volvimos a buscar.
Cuando llegamos nos dolían tanto los pies a causa de los tacones, y teníamos tanto frío que decidimos meternos en una de las chocolaterías más típicas del centro, Santa Catalina, para tomar buñuelos con chocolate. Cuando logramos sentarnos, un camarero un tanto ausente vino a tomarnos nota. Nos pone 10 buñuelos, unos churros, chocolate y café. Para mi un brugal cola, dice el Toni. ¿Cómo? Pregunta el camarero. A ver, te lo digo más despacio... lo que viene siendo un brugal con coca cola.
Verá señor, es que aquí no tenemos bebidas alcohólicas -responde el camarero alucinando. Y entonces el Toni todo indignado hace un aspaviento con las manos y dice: ¡Pues vaya! Va, ponme un agua con gas.
Y de nuevo todos riendo sin parar. Cuando entramos en calor y ya mas descansados nos pasamos por la plaza a ver el manto de la Virgen, ya completo con todas sus flores:


Nos quedamos admirando los detalles un buen rato y poco después nos fuimos hacia la zona de las discotecas. Sin saber muy bien por dónde estaba la marcha nos metimos en un local que tenía buena pinta, te quitas los abrigos y te pides tu Gin-Tonic para hacer la digestión de los buñuelos, y entonces observas el panorama, cual gacela te vas moviendo lentamente hasta ver un ejemplar interesante y empiezas a bailar. Si dicho ejemplar se mueve al mismo ritmo que tú o se da la vuelta un par de veces mirándote entonces hay posibilidades. La verdad es que yo llevo un tiempo retirada de la búsqueda y captura discotequera, pero es inevitable sonreír cuando empiezas a ver cómo determinadas "especies" se acercan poniéndote todo tipo de excusas, porque da igual la ciudad donde estés, funcionamos igual allá donde vayamos. En todo el tiempo que estuvimos allí tan solo un chico me llamó un poco la atención, pero no tanto como para decirle nada y me dediqué a bailotear junto al grupo. El Toni con no se cuántos brugales cola ya, no paraba de bailar, saltar y coger a todo el mundo mientras cantaba lo contento que estaba.
Y cuando mejor nos lo estábamos pasando, dan las luces y quitan la música sin previo aviso. Nos quedamos tan sorprendidos que lo único que se me ocurrió fue ir a preguntarle al chico que me había gustado dónde había una discoteca que no cerrase pronto. Amablemente me indicó donde estaba diciéndome que ellos también irían allí. Y con la copa a medias nos dirigimos hacia la discoteca. Estaba llena de gente, un montón de gacelas con vestidos rojos apretados y lanzando miradas felinas. Ellos con sus copas en la mano y esperando que pasara una chica por su lado para decir cualquier frase ingeniosa.
De camino al ropero para dejar los abrigos perdimos a una de nuestras chicas, sin darnos cuenta uno de los denominados "cansino de turno" la paró. Ella trató de quitárselo de encima pero al haber tanta gente luego se  despistó y no vio hacia dónde nos habíamos dirigido. Al dejar los abrigos y darnos cuenta que no venía detrás, volvimos sobre nuestros pasos y enfadada nos contó que había dado mil vueltas a la discoteca intentando localizarnos. Por lo visto acusó al chaval de habernos perdido por su culpa y él se ofreció a ayudarla tan solo con la referencia de cuando veas una chica alta con el pelo muy rizado avísame.
Tras el encuentro, otro Gin-Tonic para el cuerpo y a seguir bailando hasta el amanecer. Mi amiga la que se perdió tuvo mucho éxito esa noche, todos los piropos iban hacia ella, mientras que yo me dedicaba a poner alguna cara extraña a todo aquel que intentaba algo. Si, no soy de ligar en discotecas.
Cuando nuestros pies no daban mas y yo estaba a punto de cortármelos de un tajo, decidimos marcharnos, y al salir a la calle ya era totalmente de día.
Las chicas cogimos un taxi y los chicos otro. Esta vez un valenciano que no sabía muy bien por dónde tenía que llevarnos. Al llegar al piso casi a las 8 de la madrugada, nos despedimos y sin apenas quitarnos la ropa caímos en la cama rendidas.
Unas horas después, me desperté de golpe. Tanto Gin-Tonic me había hecho efecto y salí corriendo al baño. Y ahora aviso (abstenerse de leer esta parte los finolis), resulta que un tremendo dolor de tripas te recorre todo el cuerpo, y cuando te das cuenta y observas lo que tu cuerpo ha expulsado la cara se te pone blanca. ¡Me muero! Llegas a pensar. Esto no es normal...
Y te das una ducha pensando en que el alcohol y lo que comiste te hizo daño y entonces vas a la cocina a prepararte una infusión y cuando vuelves a la habitación y ves a tu amiga saliendo del baño os miráis fijamente.
-Gemma -te dice con cara de moribunda- mi caca parecía chapapote...
-¡La mía también! Creía que era por el alcohol.
-¡Calla que yo hasta le he hecho una foto por si acaso tenía que enseñársela al médico!
-Ja ja ja ja venga ya, ¿en serio? A todo esto, ¿qué comimos ayer?
-Ostras, ya está, ¡el arroz negro!

Y así muertas de la risa nos imaginábamos nuestras caras al ver el panorama, y yo me la imaginaba a ella haciendo la foto al elemento en cuestión.
Consejo: si os da por comer arroz negro, no os asustéis del resultado final.

A continuación tocaba recoger las maletas, ir a comer pronto y coger el AVE. Y cuando parecía que no nos podían suceder más cosas ese día...

jueves, 21 de marzo de 2013

Fallas 2013: Parte II

Cuando acabas la noche anterior llegando a casa cantando por las calles las canciones típicas de tu pueblo, sabes que al día siguiente por la mañana no vas a tener cuerpo de muchas fallas.
Asi pues, el domingo fue un día tranquilo...relativamente. Tuvimos una comida familiar ya que uno de nuestro grupo tiene familia por aquellas tierras, y el resto nos acoplamos al evento.
Nos juntamos todos en una mesa enorme y fuimos pidiendo los platos. Había una separación clara entre la sección joven y la de mayor edad. Por nuestra mesa no paraban de pasar jarras de cerveza y un chiste detrás de otro mientras las sonrisas inundaban el local. Conocimos a un personaje muy peculiar, El Toni. Describirle es sumamente complicado. Valenciano de los pies a la cabeza, simpático y con la cabeza en las nubes mas que en la Tierra. El día estaba bastante gris, anunciaba agua pero eso no suponía ningún problema para nosotros.
Tras la comida tenía una cita. Llevaba casi un mes planeándola, y era el gran día. Ya desde por la mañana me surgieron las dudas, ¿qué ropa me pongo? Creo que voy a llevar tacón, el chico parece alto en las fotos... No os imaginéis nada raro eh! Que os conozco.
Hace ya unos cuantos meses empecé a seguir a un chico por twitter, un trabajador incansable que no para de reinventarse. Su forma de ver la vida y su amabilidad me llamaron la atención. Poco a poco vas cogiendo confianza, aunque sea sólo a través de mensajes o de comentarios simpáticos. Y puesto que tiene un restaurante en la zona, no podía marcharme sin conocer el local y a su dueño.

Antes de llegar a Meliana, pueblo donde tiene situado su negocio, hicimos una parada en Alboraia cuna de la horchata, para tomarnos tan delicioso manjar con unos cuantos dulces típicos. Nuestra mesa acabó asi:


Y mientras bebíamos y reíamos nuestro amigo El Toni nos contó la historia de cómo surgió el nombre de horchata. Parece ser que el Rey Jaime I el Conquistador, mientras pasaba por uno de los pueblos de la zona tenía sed, y una chica joven salió a su encuentro y le dio de esta bebida. El Rey quedó entusiasmado con el sabor y le preguntó a la chica qué era. Ella respondió en valenciano diciendo "llet de xufa" leche de chufa. Entonces el Rey exclamó: "Això no es llet, això es OR, XATA!" "Esto no es leche, esto es oro, guapa". De ahí nace el nombre. Mientras nos lo contaba con su acento valenciano no podíamos parar de reír y cuando la camarera vino a preguntar si queríamos una cajilla para meter lo que nos había sobrado, la cara del Toni diciendo: "la camarera quiere tema, ¡me ha dicho que si quiero una pajilla!" Ahí ya si que no pudimos reírnos mas. Tras la buena merienda nos subimos al coche destino Meliana. Ninguno de los valencianos que nos acompañaban conocían el pueblo asi que cogí el móvil y llamé al dueño. Mis amigos flipaban porque decían, osea, que vamos al restaurante de un tipo con el que nunca has hablado, que no conoces y sois amigos?
Si, algo extraño lo reconozco, pero es una situación divertida. Al llamarle por teléfono me pregunta: "¿Pero eres Gemma? cómo nunca he oído tu voz..." Eso me hizo mucha gracia, porque tenía toda la razón. Yo había escuchado la suya en una entrevista de radio y no me sorprendió pero él se quedó un tanto extrañado. Nos dijo cómo llegar y a eso de las 7:30 aparecimos por allí.
Al salir del coche mis amigas me preguntaban si no tenía nervios por conocerle, la verdad es que no. Me sentía tranquila y era curiosidad mas que otra cosa, pero si que es cierto que unos metros antes de llegar miré a mis chicas y les pregunté: ¿qué tal estoy? Y ellas empezaron a reír.
En plena plaza nos topamos con El Mosset y ahí a la puerta estaba su dueño Faus esperándonos. Ese primer instante es algo que no se olvida, esa eterna sonrisa que le caracteriza acompañada de su barba de 3 días y esos ojos enormes que te acogen como si fueras un amigo al que hace mucho tiempo que no ves.
Mi primer pensamiento al acercarme a él fue: ¿por qué me habré puesto tacones? Inmediatamente un abrazo enorme me hizo sentir un anhelo. Pero Faus es así, hace las cosas con el corazón intentando que nos sintamos cómodos a mas no poder. Saludó a todo el grupo y nos sentamos en una mesa. Desde muy temprano El Toni ya pidiendo de beber de las verdes decía. Y yo guardando en mi retina cada momento, cada comentario, cada risa con el grupo.
Estuvo junto a nosotros un buen rato, todo el tiempo que el resto de la clientela le permitía, y en esos escasos momentos en que hablábamos de todo un poco y me confesaba algún que otro secretillo, su mirada y sus risas me parecieron acordes totalmente con el local.


Entonces El Toni nos preguntó si sabíamos qué significaba el nombre de El Mosset, a lo que dijimos que no. El bocadito nos respondió. Y nos hizo tanta gracia que estuvimos un buen rato hablando de a quién íbamos a dar un mosset aquella noche.
Y es curioso, porque raras veces te pasa conocer a alguien y sintonizar tan bien, y saber que lo que te cuenta es cierto puesto que él sin saber nada sobre ti te abre su corazón y te confía detalles que pocos conocen y lo hace porque confía en ti, y eso siempre agrada. Como nos contó: siempre me muestro tal cual soy, tanto por las redes sociales como en persona, porque de cara al público es lo que toca, no puedes evitar que los problemas te agobien pero nunca transmitirlos a tu gente ni pagarlo con nadie. Y por todo ello mi admiración absoluta hacia esta gran persona como es Faus Arroyo.

Conocimos a su padre, un manchego de nacimiento y a su madre, andaluza afincada en el Levante. No os voy a decir que el trato fue exquisito, y que la comida me encantó porque creo que es obvio. Brochetas de langostino, ensalada con mousse de pato, rulo de cabra con panecillos tostados, mermelada de tomate y más cositas que fueron cayendo una a una, todo regado con un vino blanco de Requena y unas cuantas cervezas y finalmente ronda de chupitos. El Toni acabó haciendo monólogos, el resto con dolor de cabeza y yo observando todo lo que acontecía.
Siempre he pensado que son las personas las que llenan los lugares, no los lugares quienes hacen que vengan las personas. Y en este caso ha sido así.
Se me ocurrió mandar un tuit estando allí diciendo lo bien que nos lo estábamos pasando, y cuando Faus salió por la puerta de la cocina con un montón de platos en la mano y me dijo: me ha vibrado el móvil, gracias por tu comentario perla. Digo lo que pienso, y sabes que eres de mis favoritos mossetero...

Al despedirnos se me encogió el corazón un poquito, salió a la puerta con nosotros y uno por uno fue diciéndonos hasta pronto. Un abrazo final que te hace sentirte triste puesto que no sabes cuándo le volverás a ver y su madre saliendo a la puerta para decirle que tenía que poner la cuenta a una de las mesas, y despidiéndose de nosotros con mucho cariño.

Entonces, camino al forfi y comentando con mi grupo las primeras impresiones confesé que los nervios que a priori no tenía ahora me habían salido, puesto que me encanta conocer personas asi y sólo esperaba poder mantenerlas con el tiempo. Ya por la carretera me echo las manos a la cabeza, ¡Oh no! Se me ha olvidado pedirle una tarjeta del restaurante... Es costumbre en mi guardar las tarjetas de los sitios que me gustan. ¿Indicará eso que tengo que volver algún otro día? Quien sabe.

Y de vuelta a nuestro pueblecito adoptivo continuamos la fiesta. El Toni llamó a su mejor amigo, El Rodas. Imaginaos el panorama con esos nombres. Estuvimos en tres fallas de fiesta y acabamos a las tantas en la carpa que teníamos cerca de casa. Terminar el día con unos cuantos Gin-Tonics, riendo, bailando, olvidando recuerdos pasados y guardando otros nuevos.
Llegar al piso a eso de las 4 un domingo, y no dormir hasta las 6 porque cuando dos chicas duermen juntas es imposible no cotillear sobre lo acontecido hasta quedarse dormidas.

Esa noche tuve un sueño...pero no me preguntéis cuál es porque a las 9 de la mañana El Toni me llamó al móvil para despertarme porque teníamos que ir a ver la mascletá en dos horas.





miércoles, 20 de marzo de 2013

Fallas 2013: Parte I

Empezar un viaje llegando al autobús con 5 minutos de antelación no es que presagie nada malo, pero esto de pillar los medios de transporte por los pelos siempre ha sido algo muy propio de mi.
Lo primero de todo era llegar a Madrid, teníamos que coger un autobús para ir hasta Atocha a coger el AVE, y aunque por los pelos conseguimos llegar y subir a nuestros asientos a la hora prevista. 
Durante el trayecto los típicos comentarios y nervios sobre el viaje. Yo había ido varias veces a las fallas, pero los amigos que me acompañaban no, y eso suponía una gran responsabilidad pues debía de hacer de guía turístico sin saber muy bien cómo puesto que Valencia en fallas se convierte en una ciudad sin ley donde cada cual hace lo que le viene en gana. La gente no para de tirar petardos a todas horas delante de tus narices, cortan las calles puesto que hay una falla en cada una de ellas, música hasta altas horas de la madrugada y un no parar. 
Estábamos comentando esas cosas cuando de repente miro al suelo y en mis pies veo una chocolatina llamada "Ambrosía". Un detalle curioso que nos llamó la atención. Parecía no ser de nadie, simplemente había aparecido ahí. Sin pensarlo mucho la cogí sin saber qué hacer con ella. 
Llegamos a Madrid, parecía que todo iba bien. Cogemos el cercanías hasta Atocha y después una vez allí nos dirigimos hasta la zona del escaner de maletas. Todo bien hasta que al coger la maleta mi amiga la agarra del asa y ésta se parte quedando las dos barras solas. No pudimos reírnos mas, puesto que correr por la estación empujando una maleta queda bastante gracioso. La pobre no paraba de decir que necesitaba comprarse una y que no podía ir así...
El viaje bastante bien, viajar en AVE siempre es un lujo puesto que cuando te quieres dar cuenta ya has llegado y no te da tiempo ni a ver la película que te ponen en la televisión. 
Al llegar nos estaban esperando para recogernos. Un "forfi" matrícula de Valencia, cinco personas y tres maletas. No se cómo me las apaño para acabar llevando siempre una maleta llena de cosas que al final no te pones, pero claro, empiezas a juntar los por si acasos y al final pasa lo que pasa, que acabo de copiloto con la maleta entre las piernas y haciendo de contorsionista hasta llegar a nuestro destino. 
Nos acogieron de forma estupenda, nos invitaron a cenar y estuvimos viendo las primeras fallas. Empezamos a hacer planes para los días restantes sin saber muy bien cómo nos iban a salir. 
Finalmente terminamos la noche acomodándonos, abriendo maletas, sacando pijamas y con sentimientos encontrados en cada parte de mi cabeza. Por los recuerdos vividos y por estar tan cerca y a la vez tan lejos de algo que no puedes evitar echar de menos. 
Al día siguiente fue un pateo a lo grande. Recorrido por las fallas principales de Valencia. Desde muy temprano nos recorrimos la ciudad, andando, en metro y en taxi fuimos visitando las principales fallas. Nuestra primera parada fue una cafetería. Tenía que visitar a una persona que me habían recomendado encarecidamente. Llevo hablando con ella un tiempo por las redes sociales, compartiendo gustos culinarios y anécdotas divertidas. Además que es gracioso conocer a alguien que te dice que le gusta tu forma de escribir y cómo cuentas las cosas. Cogimos un taxi hasta la Cafetería "el café de Camilo" y allí estaba Nancy para recibirnos. Poner cara a una persona con la que llevas hablando un tiempo es muy bonito. Una persona amable, cariñosa y que decía estar nerviosa por el hecho de conocerme. La primera impresión no pudo ser mejor, pese a que la pobre estaba bastante ocupada sirviendo cafés. Un lugar pequeñito pero muy familiar, me fijé en que la mayoría de los que allí iban la llamaban por su nombre y ella con su sonrisa atendía a todo el mundo, sirviendo el café, vendiéndolo y deseando buenos días siempre. Pese a no poder explayarnos demasiado, nos hicimos las fotos de rigor (que guardaré para mi) y nos fuimos de alli con las pilas cargadas para ir a visitar las fallas. 
La primera que vimos la de Nou Campanar, siempre una de las grandes desde que plantó su primera falla en 2003 y que ha obtenido siete primeros premios. El lema de este año era "Castillo de naipes". 


Curiosamente esta falla me evocaba muchos recuerdos y me llamó la atención el hecho de que fuera un castillo de naipes. 
Mi amiga durante todo el viaje no paraba de decirme que todo tiene un porqué, incluso el que se le hubiera roto la maleta. Y al ver la falla imaginé que sobre esos naipes estaba mi propia vida, todos los acontecimientos que había vivido en esa ciudad y que ya solo quedaban en el recuerdo. Era sábado por la mañana y no podía evitar pensar que quizás entre la gente pudiera encontrar alguna cara conocida. ¿Cuál sería mi reacción si eso pasaba? Traté de quitarme los miedos y de disfrutar de mis amigos, tras ver la falla nuestra primera parada: 


Unos chatejos de vino para sofocar el calor que hacía a esas horas y olvidar recuerdos que te ocupan la mente mas de lo debido. 
En la falla infantil de Nou Campanar, pudimos ver a la fallera mayor, con su precioso traje y "ensaimadas" incluídas en su peinado. 


Estando tan cerca de un sitio muy querido por mi, decidimos cambiar de planes y romper con los esquemas. Asi pues nos fuimos a comer cerca de otra falla importante y que estaba por la zona. 
L´Antiga de Campanar creada en 1971 siempre tiene elementos interesantes, este año trataba del fuego y que no debemos jugar con él. 
Lo malo de las fallas es que cada figura tiene una explicación escrita en un cartelito que la acompaña, pero éste está escrito en valenciano y hay veces que resultan un poco incomprensibles. Y eso que mas o menos lo entiendo, pero sinceramente pienso que una fiesta tan turística debería pensar mas en la gente de fuera. 


Comimos muy cerca de la falla, en un bar donde lo primero que te encuentras a la entrada es esto: 


Lógicamente dada la simpática cartelística tuvimos que entrar. Nos deleitamos con unos buenos platos de paella refrescando nuestro gaznate con cervecita fría. Como curiosidad otra foto de un elemento gracioso del sitio: 


Y sin esperar a reposar, otra vez de camino a la siguiente falla "Entre el sol y la luna". Ésta sin ser una de las denominadas grandes, la verdad es que me impresionó bastante y me gustó la temática y los colores. 


Estaba muy cerca de la falla del Ayuntamiento y es fácil de ver dada su magnitud. Otro detalle que me hace gracia es ver que en cada falla siempre aparece el cuerpo exuberante de alguna mujer con los pechotes o bien descubiertos o tapados con pequeños trozos de tela. El detalle de esta falla os lo pongo a continuación, porque me hizo mucha gracia: 


Y seguimos nuestro recorrido hacia pleno centro de Valencia, la falla del Ayuntamiento nos esperaba. El cielo estaba nublado y parecía que iba a llover en cualquier momento, pero al final salió el sol, aunque no dejó de hacer frío en todo el día. 
La falla del Ayuntamiento, este año con el lema "La millor del món" y con un presupuesto cercano a los 200.000€ nos explicaba que esta fiesta está considerada como la mejor del mundo. Este año las fallas presentan candidatura a patrimonio inmaterial de la humanidad de la UNESCO y por eso han dedicado la falla a lo más típico de Valencia. 
Toda falla parte de un boceto que a posteriori se empieza a construir hasta poco a poco convertirse en lo que finalmente llega a ser. Fijaos: 


Poco después el sueño de ese dibujante llega a hacerse material: 


Los críticos falleros opinan que esta falla no suele ser una de las mejores, pero la verdad es que cuando vienes de fuera todas, incluso las de barrio, te parecen grandes. 
A continuación vimos la que se ha llevado este año el primer premio, la falla Convento de Jerusalén. Una falla con más de cien años de historia, y que con el lema "Qui paga, mana", hacía alusión sobre el poder del dinero y lo que nos cambia la personalidad cuando lo poseemos. 


Un par de detalles de esta falla que me gustaron mucho: 


El parecido de los perros con sus dueños...en dos palabras: im-presionante. Y el segundo detallito: 


El guepardo comiéndose al mono de "Bakkia". Hace años, cuando vi las fallas por primera vez me fijé que las marcas aparecían con otro nombre. Por inercia lees Bankia, pero realmente no es lo que pone y eso es debido, según me contaron, a que no podía satirizarse el nombre de algo público y reconocido, asi pues cambian una letra y poca gente se percata de este hecho. 

Continuamos hacia otra de las grandes, la de la Plaza del Pilar. Una falla a la que es complicado acceder dadas las dimensiones de la falla y las estrecheces de la plaza en sí. El lema era "Fauna ibérica", y mostraba a Artemisa a lomos de un caballo blanco rodeada de multitud de animales. Hay que darse cuenta de los detalles sobre todo de las aves, las cuales están sujetas al resto de figuras con una pequeñísima parte lo que hace parecer que están volando realmente. 


A los pies de la falla las sátiras hacia la otra fauna ibérica española compuesta por un montón de personajes que todos conocemos, como por ejemplo: 


La caracterización de cada figura es algo que realmente llama la atención. Simplemente geniales estos artistas falleros. 

La noche del sábado valenciano la terminamos en un puesto donde dicen vender los buñuelos artesanos mas ricos de Valencia. Justo a la entrada de la Falla de Sueca, una de las mas impresionantes dada la iluminación que la caracteriza. 


Los buñuelos hechos a base de calabaza, es algo tan típico en fallas que cada dos pasos ves puestos ambulantes de venta. Tienen un sabor diferente a los churros pero muy ricos igualmente, y mojados en chocolate lo más. 

Y al fondo de la calle te topas con esta iluminación: 


Según te vas adentrando para ver la falla, la cual está situada al fondo de la calle, un calor va recorriendo tu cuerpo y es el que desprenden las luces. Os pondré un detallito de la falla: 


Y cuando parecía que la noche había llegado a su fin, cogimos el cercanías camino a nuestro alojamiento. Ibamos sin cenar puesto que con las prisas de ver tantas fallas no nos había dado tiempo, y pensando en que no íbamos a encontrar nada abierto casi a las doce de la noche, al bajar del tren vemos un bar con las luces encendidas. Se nos ocurre acercarnos y dentro un montón de mesas llenas de grupos de gente cenando. Nos sentamos en la barra, pedimos unos bocadillos y unas raciones de bravas y de pronto el bar empezó a llenarse de gente. Copas, chupitos, cervezas pasaban por nuestras cabezas y nosotros alucinando como si estuviéramos en una película de Almodóvar. Total, que decidimos unirnos a la fiesta y acabamos con 12 chupitos de más y alguna que otra copa. Ya en la calle camino a casa oimos música procedente de una carpa de la falla de Sant Vicent. Normalmente si no perteneces a la falla no te dejan entrar en la carpa, pero aquí era diferente. Nos colamos y una orquesta estaba cantando y animando la noche. 
Lo que iba a acabar en un día agotador, terminó a base de Gin-Tonics y bailoteando todas y cada una de las canciones orquestiles. Fue un día estupendo. 

Al llegar a la cama, no recuerdo muy bien la hora, solo pensaba en que cuando vas haciendo planes, la vida va y te los cambia. No puedes predecir qué va a suceder, pero nuestras primeras 48 horas falleras no pudieron empezar mejor a pesar de las trabas del camino. 


jueves, 14 de marzo de 2013

Recuerdos

Hay momentos en la vida en que te pones a hacer una maleta y de repente una serie de imágenes se te agolpan en la cabeza. Ya no sólo es el hecho de tener una maleta que te recuerde a alguien, sino el viajar a ese lugar que tantas veces compartiste y que tantos recuerdos te trae.
Mañana me dispongo a coger un AVE camino a las Fallas. Estaré ausente durante cuatro días, pero a mi vuelta haré un post especial sobre estas maravillosas fiestas.
Soy la típica persona que le gusta hacer la maleta a última hora. Mis amigos llevan desde el lunes preguntándome qué cosas hay que llevar y los planes que tenemos, y yo a escasas 18 horas de partir solo tengo mi cámara y una libreta donde apuntar las cosas que no quiero que se me olviden para luego compartir con vosotros.
Mi madre lleva ya unos cuantos días dándome consejos, como si fuera la primera vez que salgo de casa, pero para ellas siempre es la primera vez. Ten cuidado con el bolso en la estación, el móvil en el bolsillo y no lleves mucho dinero en la cartera. Llévate algo de comida por si acaso, y unos sobrecitos para el resfriado, por si acaso también. Un paraguas que el del tiempo dice que aquí va a llover, a lo que yo respondo "¡pero en el Levante no mamá!", bueno, por si acaso, sigue diciendo ella.
Vamos que si mi madre me hiciera la maleta llevaría un par de pantalones, jerseys de cuello alto y un montón de comida... por si acaso.

Durante muchos años estuve ligada al mundo fallero, incluso me gustaban los trajes regionales y me llamaban la atención las ensaimadas que se ponían las mujeres en la cabeza. El olor a petardos y el ruido continuo en las calles es algo que me fascinaba. Y por las noches cuando iba a ver los castillos de fuegos artificiales me encantaba que me rodearan unos brazos para protegerme del frío.
Para mi han sido fiestas muy bonitas y especiales, recuerdo que las primeras fueron algo increíble, sobre todo porque en mi casa no conté nada y me fui a la aventura y poca gente sabía dónde me encontraba. En ocasiones es algo que me encanta hacer. Desaparecer un tiempo y alejarte de todo, aunque hoy en día es algo muy difícil.

Esta mañana mientras sacaba la maleta y abría los bolsillos me he topado con esto:


En el bolsillo frontal uno montón de papelitos rotos permanecían arrugados, y entonces he recordado el por qué estaban ahí. Resulta que el verano pasado cuando fui a Italia estaba aburrida en el aeropuerto mirando lo que sucedía hasta que mi avión despegase. Y a mi lado una chica estaba escribiendo algo, no quise fijarme mucho por eso de no parecer cotilla, cosa que no puedo evitar ser, pero tras escribir y hacer varios borrones arrancó la hoja y la rompió en multitud de trozos. Entonces escuchó por el altavoz lo que parecía ser el número de su vuelo y dejando los trozos en el asiento cogió su maleta y se marchó.
Yo ávida de querer conocer lo que había escrito, recogí todos los trozos y los guardé en mi maleta para posteriormente unirlos. Finalmente los papeles se quedaron ahí durante un montón de tiempo y hasta hoy que no he abierto todos los bolsillos de la maleta no los he vuelto a ver. Se han perdido bastantes y ya no puedo leer el mensaje completo, incluso si junto las dos partes escritas no llego a entender nada, sólo una hora, las 19.20 y una palabra FUERA escrita en mayúsculas.
Quizás algún día buscando cualquier otra cosa aparezcan el resto de papeles, si es así prometo recomponer el mensaje.

Y llega el momento de rellenar esa maleta, la maleta que esa persona te regaló por tu cumpleaños con la frase de "para compartir nuestros viajes" y entonces te viene a la cabeza llevar una mochila y poner dentro de la maleta todos los objetos y cartas que aun te quedan, y cuando salgas del AVE cambiar tu maleta por otra cualquiera y salir corriendo. Es una idea que me hace sonreír. ¿Os imagináis la cara de la persona que viera una maleta llena de peluches, libros y cartas? Si a mi me pasara eso algún día sería muy feliz, tras el disgusto de perder mi ropa claro, pero encontrarse de repente con una historia encerrada en una maleta es algo que me resulta fascinante.
Sin embargo no lo haré. Dentro de mi maleta roja irá mi ropa y todos los por si acasos de mi madre, así mismo también viajarán conmigo los recuerdos, los cuales intentaré dejar en las Fallas.

Si, hay recuerdos imposibles de borrar. Pero el hecho de tener que hacer hoy la dichosa maleta y el recordar cosas que te hacen ponerte triste, no ha influido lo suficiente en mi como para que esta tarde no me lo pasara bien en mi curso de retoque fotográfico. Sobre el chico guapo, hoy le he preguntado su edad, así como quien no quiere la cosa, y cuando me ha dicho que tenía 25 años me he quedado pasmada. Él ha sonreído pues no sabía por qué le hacía esa pregunta y entonces ha sido cuando yo he soltado un pensamiento en alto: ¡pues que pena! Y dándome cuenta de que me había oído me he despedido con una sonrisa y dándole las gracias por todo.

Os voy a poner la foto de lo que he hecho esta tarde, y es que para mi que soy nula en el tema informático y de retoque de fotos es un logro haber conseguido algo así.
La imagen original era un paisaje con una marca de agua, la cual he tenido que quitar, añadir un coche, un Pocoyó, el toro de Osborne y una florecilla en la hierba. Parece una tontería pero a mi me ha costado casi hora y media hacer todo esto y que quedara algo medio decente, lo cual no se si he terminado de conseguir.


Y tras esta estupenda obra de arte fotográfico, os dejo hasta la vuelta de mis "vacaciones".

Mi consejo de hoy: No es un consejo mio, sino algo que mi querida mariposilla que en ocasiones es mi musa, me ha dado, así pues os transmito un consejo que me han dado a mi y me parece estupendo: "No dejes nunca de sonreír, incluso a los recuerdos".

miércoles, 13 de marzo de 2013

Habemus Vita

Empezar la mañana con fumata negra quizás no es síntoma de buen augurio, mas que nada porque parece que el ambiente está enrarecido, como que va a suceder algo que no te esperas.
Ya bien transcurrida la mañana he ido a comprar el pan al supermercado, de buenas a primeras lo que me ha llamado la atención ha sido ver en la carnicería unas hamburguesas color verdoso. Me he extrañado tanto que el propio carnicero al ver mi cara me ha explicado que estaban hechas con pollo y espinacas.
La verdad es que después de tantas historias sobre carne de caballo y demás comentarios que oyes, lo que menos te apetece es comprar una hamburguesa de un color vomitivo, pero allá cada cual.
Tras comprar mi barrita de pan me he dirigido a la caja, todo seguía su curso hasta que de repente...



¡pluf! El hombre que estaba a mi lado estaba poniendo unas botellas de vino sobre la caja cuando una de ellas se le ha escurrido y ha ido al suelo. El olor rápidamente se ha extendido por toda la zona y a mi memoria ha venido el recuerdo de la vendimia.

Después de comer y tras poner en orden todo lo que mi tarde iba a depararme, me he dirigido a un nuevo curso, esta vez sobre Gimp. Mi destreza para los ordenadores, blogs, retoques de fotos y todo lo que se refiera a la informática en general es tan nula, que cuando sale algún cursito, aunque sea de poco tiempo me apunto para intentar aprender algo nuevo.
Mi sorpresa ha sido cuando al llegar al lugar, un chico bastante agradable nos ha dado la bienvenida. Sonrisa de 10 oculta tras una barba de tres días, moreno y altura considerable. Ningún cuerpo danone, tampoco hay que exagerar, pero muy amable y simpático. Mi idea era hacerme la tonta, cosa que no me resultaría muy difícil, y llamar la atención para que estuviera pendiente de mi ordenador.
Sin embargo ha sucedido algo que no me esperaba, estábamos sentados en mesas de dos personas cada una con su ordenador, pues mi compañero de mesa un tipo alto, bastante rubio tanto el pelo como la barba y vestido de negro (os podéis imaginar al típico que suele llevar una Harley) tenía tal control sobre el programa que a cada duda que yo tenía y recurría al profesor, él estaba pendiente de mi y me decía lo que tenía que hacer. Si yo se lo agradezco, vamos a ver...pero mi intención era que el profesor me resolviera "mis dudas".

He tenido que salir de clase antes de tiempo puesto que hoy era el último día del taller de escritura creativa y debíamos de leer nuestros relatos. Corriendo y tropezando con la gente he conseguido llegar a la biblioteca. El personaje de alta alcurnia me esperaba con ojos maliciosos, me había guardado un sitio justo enfrente de él y unos documentos que el profesor había entregado en mi ausencia.
Hemos empezado a leer nuestros relatos, los primeros eran experiencias vividas, relatos la mayoría tristes o historias que acababan siendo sueños de los que despertaban.
Son cosas que me llaman la atención, cuando la gente escribe la mayoría lo hace para contar historias vividas que suelen dar algún giro en mitad del relato con un hecho casi imposible y al final es todo un sueño.
También abundaban los relatos sanguinolentos, esa capacidad del ser humano de contar historias donde se rebana el cuello a alguien y un montón de vísceras se expanden por todos sitios.
Me ha gustado el relato de una de las mujeres mayores, "la mosca" se titulaba. Ha empezado directamente contando la historia de un día donde estaba comiendo una sopa y de pronto una mosca empezaba a molestarle. Ha llegado un punto en que la clase ha empezado a reírse tras escuchar cosas como que la mosca parecía esquizofrénica puesto que no paraba de dar vueltas al plato. Y en un ataque de querer aniquilar a la mosca, de un golpe la ha metido en el caldo y para evitar que siguiera dando vueltas se la ha comido. Ahí es cuando todos hemos empezado a aplaudir.
Mi relato ha sido uno cualquiera, sin mas. Lo he titulado "La condesa insomne". Básicamente es la historia de una condesita que se enamora de un caballero que ve en un desfile. El caballero va a visitarla y a través de la ventana de su habitación se ven cada noche hasta que el padre de ella lo descubre. Entonces decide encerrarla y el caballero no puede verla mas, sin embargo hace construir un castillo cercano desde el cual puede ver la habitación donde permanece encerrada su amada y ver su silueta cada día.
Todo eso contado con un estilo antiguo y manejando palabras extrañas ha quedado algo mas o menos decente. El profesor me ha dicho que estaba bien. Después nos ha leído algunos relatos conocidos y me he detenido en uno de Miguel Sáez Álvarez titulado El globo y que dice así: "Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño". Y así sin mas hemos dado por finalizado el curso, al término del cual nos han regalado esto:


Parece ser que el que nos han regalado sobre "El caso del cadáver sonriente" está en negociaciones para hacer una película basada en esta historia, quién sabe si lo veremos próximamente en los cines...

Me he ido corriendo al finalizar el curso puesto que tenía clase de alemán y entonces ha sido cuando un revuelo nos ha sacudido: ¡¡Habemus Papam!! se oía decir por todas partes. Lógicamente la curiosidad nos mueve y tras la clase en cuanto he llegado a casa he puesto la televisión para ver quién era el elegido, el cual parecía ser una sorpresa puesto que nadie se lo esperaba.

Y entonces me he topado con la noticia de la gaviota. Me ha gustado tanto que inmediatamente he buscado cosas sobre este suceso. Parece ser que momentos antes de que la fumata blanca tuviera lugar, esta gaviota había decidido posarse sobre la chimenea por la cual iba a salir el humo. Montones de comentarios sobre este hecho se han extendido por internet y hasta tiene cuenta en twitter. El poder de las redes sociales.


Ella ajena a todo lo que a su alrededor sucedía, por razones que desconocemos y que cada cual puede conjeturar como le venga en gana, ha decidido posarse en ese lugar expectante. Y así, al igual que ha venido se ha marchado justo antes de que el humo blanco saliera.

Mi consejo de hoy: En un solo día podemos hacer tantas actividades como nosotros queramos o nos propongamos, o también podemos quedarnos anclados en un sofá viendo la televisión, sin embargo en nuestras manos está salir a volar como si fuéramos esa gaviota y redescubrir cada día lo que nos rodea, porque Habemus Vita (tenemos una vida) que debemos vivir intensamente.

martes, 12 de marzo de 2013

Instantes

Doce y cuarto del mediodía, camino de mi casa paso por una plaza. Un mismo lugar y tres situaciones.
Una chica de unos 35 años está parada hablando con otro chico. Ella lleva un perro pequeño, un yorkshire ataviado con un jersecito color rosa y una faldita azul, si, muy "cuqui". Enfrente de ellos un perro callejero tres veces mas grande que el de la chica, cojeaba de una pata y miraba al otro perro, de esas miradas tristes que solo ellos saben poner. El pequeñajo al verle como se acercaba se ha puesto a ladrar y a tirar de la correa. Envalentonado quería atacar y su dueña tiraba de él para controlar su furia. El perro callejero se ha alejado cojeando, iba con sus tres patitas y mirando al frente, sin ladrar. Se ha parado en mitad de la plaza y se ha tumbado al sol.
Justo al lado de donde se ha situado el perro, unos columpios. En ellos una chica bastante joven, no creo que llegara a los 20 años. Sobre sus piernas una niña de apenas 1 año, con un vestidito vaquero y una cinta rosa en su cabecita. La sonrisa de ambas iluminaba el parque, la madre agarraba con cariño a la niña mientras se impulsaba con los pies para provocar movimiento, y la niña sonreía a grandes carcajadas haciendo que el perro la mirase.
Un poco mas allá y fuera de los columpios un hombre de unos 50 años bien vestido, ropa oscura, un traje me ha parecido. Estaba delante del contenedor tirando algo que había dentro de una bolsa. Según me he acercado he visto que lo que parecía un traje casi impecable estaba roto por algunas partes, las mangas eran demasiado largas y entre sus manos tenía un palo con el que movía las bolsas que estaban dentro del contenedor intentando buscar algo de valor.

He seguido mi camino.

Cuatro y media de la tarde. He salido de casa para ir a inglés, he tenido que cambiar el horario porque luego tenía el taller de escritura a las seis. En el camino tenía en mente los deberes que no había hecho, ni había terminado la actividad para el taller ni me había leído el resumen de Frankenstein para la clase de inglés. A veces actúo sobre la marcha.
Hoy el resto de compañeros no habían terminado de leerse el libro y lo hemos leído en clase. Hablando un poco de todo he descubierto que los ingleses tienen dos nombres y un apellido, ¡como yo! he dicho, y entonces han empezado a preguntar cuál era mi segundo nombre. Top secret.
A la salida he ido corriendo hacia la biblioteca, lugar donde se imparte el taller. El personaje de alta alcurnia me ha avisado que no podía asistir, y tenía un dilema. ¿Dónde sentarme? He llegado tarde y no he tenido opción de elegir, no había muchos huecos libres, pero al igual que ayer he escogido al chico de las Ray Ban joven y a otro algo mas mayor con pinta de comercial.
Hemos empezado con un juego, el juego de las palabras olvidadas. Teníamos que decir palabras que estuvieran en nuestro recuerdo. Han salido cosas como pídola, toñada, arriero, zascandil, trébede y algunas mas. Me han llamado la atención las de mi compañero el chico joven del reloj de esfera verde: tazo, recreativos, ruborizarse y casete. Al escucharlas he pensado "como se nota que es joven." Mis palabras han sido: alcancía, ñoñería (mas por el sonido que otra cosa) y alcanfor (porque me recordaba al olor del personaje de alta alcurnia que viene conmigo).
Dos tareas para hoy: ayer escribimos un planteamiento, el inicio de una historia, y hoy debíamos llevar el conflicto desarrollado. Como he tenido suerte y han empezado por el lado de la mesa contrario lo he hecho en lo que han tardado en llegar a mi.

Mi planteamiento era: una cita con un dentista para sacarte una muela.
El conflicto: En la sala de espera observas nerviosa a los que allí permanecen ojeando revistas. Es tu turno, pasas y te sientas. Miras al dentista, tras la mascarilla te dice "relájese" mientras te mira con sus penetrantes ojos azules. Él coge el instrumental y se acerca. De repente te das cuenta que esos ojos ya los conocías.

El profesor se me ha quedado mirando, al igual que el resto de la clase. Muy interesante me ha dicho, ¿quién sería esa persona? Además con el instrumental en la mano... si, me gusta. Y el resto de compañeros también han hecho buenos comentarios al respecto. Me he sentido feliz.

Segunda tarea: el profesor ayer nos propuso el siguiente planteamiento "abro la puerta de mi casa..." debíamos continuar la historia. Os cuento la diversidad de ideas en el grupo.
Abro la puerta de mi casa...

-Y los muebles ya no estaban.
-Veo una carta sin remite en la entrada.
-No reconozco nada, ni muebles ni ventanas...todo es diferente.
-En el rellano encuentro un mercadillo donde venden de todo.
-Salgo y me monto en la bici, voy a un lago, meto el pie en el agua, se hunde, el pie...no el agua. Tengo que seguir pedaleando o despertar de la siesta.
-Encuentro todos los objetos que amo... y decido trasladarlos a otros sitios.
-Está todo revuelto y sin enseres.
-Y se rompe la llave.
-En el vestíbulo hay dos maletas raídas, que conoce y hace mucho que no había visto.
-Y me encuentro con una amiga que hacía 25 años que no veía, viene a decirle que ya está preparada para irse a vivir juntas.
-Y encuentro una cesta con un niño recién nacido, hay una nota dentro.
-Y un grupo de gente diciendo "sorpresaaaa" pero no conozco a nadie.
-Un chico fuera con una jeringuilla, mira asustada al chico y él le pregunta qué mira. Regresa dentro de la casa pues tiene a su nieto de 8 años solo.
-Porque el perro no para de ladrar. Al salir ve un regalo con un enorme lazo rojo. En una tarjeta pone "dame un beso y deshazte de mi, soy tu pasado".
-Un hombre enorme con abrigo azul me pide dinero, le doy 2€ y me los tira a la cara diciendo que con eso no puede ni comprarse un bocadillo. Inmediatamente cierra la puerta asustada.

Os preguntaréis cuál de todos estos era el mio. Ninguno. He ido mas alla y he seguido un poco la historia.
Mi primera opción fue abrir la puerta de mi casa y encontrarme un montón de pelusas enormes atando con una cuerda a mi madre en una silla. Puesto que en mi grupo no son muy divertidos, he creído que la mejor opción era profundizar algo más y a la hora de comer, en los escasos 5 minutos que he tenido entre la comida y el postre he escrito lo siguiente:

"Abro la puerta de mi casa, entro y un olor a comida despierta mis sentidos. Dejo sobre el sofá el abrigo y el  bolso y paso a la cocina. Veo a mi madre removiendo el guiso en la olla de porcelana, cabizbaja. No me mira al entrar, sólo mueve la mano lentamente haciendo girar la cuchara de madera.
Me acerco alegremente con ganas de probar lo que está preparando y veo cómo una lágrima le recorre la mejilla. La aparta rápidamente.
Entonces la veo. Una nota arrugada escrita a mano, parece la letra de mi padre. Mi madre se da cuenta que estoy mirándola y antes de que yo pueda cogerla ella la atrapa entre sus dedos y se la guarda en el bolsillo del delantal."

Cuando he terminado de leerla el profesor me ha mirado absorto, el resto de la clase cuchicheaba cosas que no llegaba a entender y yo me he quedado quieta sin saber qué decir. Entonces el profesor me ha dicho que le ha encantado, que he mezclado cosas tan interesantes como esa lágrima, el papel arrugado, incluso curiosidad por saber cuál era la comida que estaba preparando.
Me he sentido muy feliz de haber despertado la curiosidad de mi profesor. Al final de la clase hemos comentado que la mayoría de ellos habían recurrido a sucesos típicos como encontrarse la casa vacía, gente desconocida o incluso sucesos acontecidos realmente. Pero luego estoy yo, yo y mi imaginación.
Yo soy la que cuando el profesor ha preguntado en clase de qué color vemos el cielo cuando estamos felices y todo el mundo responde azul, yo digo anaranjado. Si, esa soy yo.

De noche, vuelvo a casa feliz, con una sonrisa. En el semáforo me encuentro un conocido que me cuenta cómo le van las cosas en el trabajo, mientras le voy escuchando observo dos coches que iban a girar en la misma calle y se quedan pensativos sobre cuál debe pasar primero, un niño que se baja de su carricoche y decide que es lo suficientemente mayor para conducirlo él solo y unos jóvenes que se besan mientras se miran sonriendo.

Mi consejo de hoy: La vida se resume en instantes, momentos que te hacen ser feliz y sonreír a lo largo del día. Cuando juntamos esos instantes que nos hacen sentir paz y serenidad, es cuando sentimos que hemos logrado tener un día estupendo.


lunes, 11 de marzo de 2013

Escritura Creativa

He empezado fuerte la semana. Los lunes no suelen ser mis días favoritos, incluso creo que hay planetas alineados para provocarme inestabilidad este día de la semana, pero hoy pintaba distinto.
Por la mañana entre las gestiones pertinentes a los bancos e ir a hacer la compra, prácticamente se me ha echado la tarde encima.
Hoy he comprado el alimento básico e indispensable en mi casa: CHOCOLATE. Y lo pongo en mayúsculas porque a pesar de que he descubierto que hay personas a las que no les gusta, es un alimento tan beneficioso para la salud que no me queda mas remedio que recomendarlo. Y es que las propiedades del cacao son muchas, desde beneficiar al sistema circulatorio, estimular el cerebro, fortalecer la memoria, efectos anticancerosos y fundamentalmente el poder afrodisíaco, que a pesar de que no esté probado, todos conocemos o nos hacemos una idea de tal efecto.
Pues precisamente he ido a comprarlo cuando había una oferta, y no he podido resistirme a coger tres tabletas, una de chocolate negro para fundir, y otras dos de chocolate relleno de trufa y de naranja.
Cuando me disponía a marcharme una chica que estaba en la caja me ha mirado la compra, y al ver el chocolate me ha preguntado que donde estaba. Se lo he dicho y cuando me he dado cuenta estaba en la caja de al lado con cuatro tabletas, una de cada variedad. Y no he podido menos que sonreír, porque ¿no os ha pasado alguna vez que estáis en el supermercado y de repente llega alguien dudoso y se queda mirando lo que tú compras para comprar lo mismo? De hecho a mi me encanta jugar con mi madre a un juego. Imaginaos, sección de lácteos, vamos, donde están los cartones de leche. Estoy cogiendo mi marca y de repente llega la típica mujer mayor buscando algo que han dicho en la televisión que es bueno para el colesterol y otras chorradas. Ve el precio e intenta buscar algo similar de marca blanca. Ahí es cuando yo ataco y al ver lo que está a punto de elegir le digo a mi madre de forma clara y bien alto "pues a mi la leche de la marca de este supermercado como que no me sabe bien, yo creo que la mezclan con agua porque donde va a dar a esta otra." Acto seguido te vas, miras de reojo y ves como la señora acaba cogiendo el mismo cartón de leche que te has llevado tú. Pocas veces falla y es algo que me hace mucha gracia, porque así veo hasta que punto la gente se deja influenciar por un comentario lanzado al azar de alguien que no conoce de nada.

Por la tarde tenía el taller de escritura creativa. Iba con mucha ilusión sin saber qué me encontraría allí o que tipos de personas estarían conmigo. Lo primero que haces al llegar a un sitio donde desconoces el ambiente es echar un vistazo por encima, rápidamente he visualizado dos objetivos, un chico mas o menos de mi edad cuyo aspecto físico era agradable, y justo a su lado mi tan adorado personaje de alta alcurnia. Al verle no he podido evitar sonreír y hasta enfadarme con él, ya que no me había dicho nada de que fuese a acudir al taller a pesar de que yo le había contado que iría. Por una serie de circunstancias he acabado situada entre medias de los dos y a posteriori se han ido sentando el resto de alumnos por los huecos que iban quedando. En total somos unas 20 personas. En primer lugar el profesor se ha presentado, nos ha contado su biografía literaria a grandes rasgos y después cada uno de nosotros teníamos que decir el por qué nos interesaba el taller y nuestra relación con el mundo de la literatura.
El primero en hablar ha sido el chico guapo, moreno, gafas RayBan que le dan un toque intelectual e interesante y un reloj cuya esfera verde resaltaba y hacía juego con mi jersey. Al término de su exposición se me ha ocurrido preguntarle no muy alto... "¿edad?" Claro, me ha mirado extrañado y me ha contestado un número, pero en su mente se leía "¿a tí qué te importa? Mi personaje de la izquierda, en tono irónico como le gusta ser a veces, ha comentado: "¿y el número de teléfono también lo quieres?"
Después me tocaba presentarme, pues me llamo Gemma y no me dedico a la escritura, aunque tengo un blog en el que cuento a diario cosas que me pasan, por entrenarme en esto de escribir y porque me gusta y tal... Entonces el profesor ha preguntado el nombre de mi blog y ahí surgen los dilemas, no es un nombre muy común y tampoco sabía muy bien si quería que me leyesen, al final lo he dicho y se ha quedado mi nombre puesto durante casi toda la clase en la pizarra.
Después le ha tocado el turno al personaje de alta alcurnia, muy correcto él ha dado las buenas tardes con educación, ha observado al público y ha expuesto sus conocimientos literarios con una sonrisa inquietante. A través de sus gafas iba visualizando a los que allí se encontraban calculando qué información podía revelar y cual no. Luego se han ido sucediendo el resto de personas, varias mujeres de edad avanzada, una de ellas con una novela publicada cuyo nombre no ha desvelado, hombres cuyas profesiones nada tienen que ver con la literatura, ex banqueros, funcionarios y otros de dudosa procedencia. Uno de los cuales ha comentado que estaba en el taller porque su carta astral le decía que tenía dotes de buen escritor y quería saber si era cierto. Las mujeres, excepto dos mas jóvenes, con una edad similar y con características parecidas, gusto por la poesía, que se habían presentado a concursos de relatos sin mucho éxito y apasionadas de la lectura en general.
Por un momento me ha recordado a una reunión de alcóholicos anónimos cuando alguien decía su nombre y continuaba con un "yo no he escrito ningún relato, no tengo blog ni nada que tenga que ver con la literatura".

Una de las cosas que más me ha llamado la atención ha sido "La teoría del iceberg de Hemingway" la cual dice algo así como que lo que vemos es poco respecto a lo que tenemos que pensar sobre ello.
El profesor nos ha indicado que debemos llevar siempre a mano una libreta y un bolígrafo pues no sabemos en qué momento nos va a venir la inspiración.
Hemos hecho varios ejercicios del tipo cómo crear una historia de la nada, pensar un animal que creáis que nadie va a decir o incluso un objeto de la casa que sea único para vosotros.
Mientras la gente elegía jarrones, cajones llenos de dinero, fotografías o espejos, yo he escogido mis pelusas. Para mi son objetos únicos en mi casa, o al menos eso dice mi madre cada vez que se queja diciéndome que debe haber conejos debajo de mi cama.
Los animales elegidos han sido varios, desde los típicos perros y gatos hasta el ornitorrinco, el tiburón toro y la guarrilla, que por lo visto es un insecto.

Si, cuando estás en un grupo tan diferente de personas no puedes nada menos que intentar fijarte en las similitudes e intentar pensar algo que el resto no piense.
Hemos hablado de planteamientos y conflictos, la diferencia entre ambos. Cada uno de nosotros hemos propuesto un planteamiento, que consiste en contar algo dejando en el aire lo que pueda suceder después, que será lo que se haga cuando entremos en el conflicto.

Para mi un conflicto es lo que se me ha planteado esta noche cuando a sabiendas de que he dado mi dirección de blog quería contar lo que había sucedido y quiénes componen mi grupo.

El profesor nos ha propuesto un ejercicio para casa, el planteamiento es: "Abro la puerta de mi casa" y cada uno de nosotros debe escribir un conflicto, algo que nos haga desarrollar esa idea. Mañana os contaré los resultados del experimento.

Mi consejo de hoy: Yo siempre recomiendo que cuando llegas nuevo a un grupo, sea lo que sea, permanece atento, observa durante un buen rato cómo actúan el resto de personas, y finalmente desarrolla tu instinto tras analizar las circunstancias.

viernes, 8 de marzo de 2013

Humorroides

Justo hace un año un día como hoy yo estaba de celebración. Me tiré toda la mañana arreglándome y preparando un discurso muy nerviosa. ¿El motivo? El Ayuntamiento me había concedido un premio a un relato corto que había escrito. Estuve toda la mañana en actos conmemorativos, y finalmente la entrega de los premios se iba a hacer delante de un montón de mujeres de varias asociaciones. Estaba nerviosa pues no sabía muy bien qué decir o hacer y la verdad es que la experiencia fue alucinante. Me sentí por un momento como si me estuvieran concediendo el Premio Planeta, nada mas alejado de la realidad porque me dieron una placa de cerámica y un cheque que tardaron en ingresarme 9 meses. Pero en ese momento, y mientras me hacían las fotos de rigor entregándome el premio sentí felicidad, mas incluso cuando vi a mi madre emocionada hablar con el alcalde y los miembros del jurado toda orgullosa de mi. Esos momentos son los que se guardan siempre en la memoria y no se llegan a olvidar. 
Este año, debido a los recortes del Ayuntamiento, no se ha abierto ninguna convocatoria para relatos, han hecho algunos actos para el día de la mujer y luego la comida anual para celebrar el acontecimiento. Yo no he ido puesto que en realidad no pertenezco a ninguna asociación, yo siempre voy por libre. 
La mañana se ha pasado muy rápida y en mi cabeza solo tenía presente el final del día. Los viernes toca teatro, últimamente parece ya una costumbre. Pero esta noche tocaba una de humor, tras el monólogo de ayer hoy también tocaba risa, y qué mejor que compartirla con unas buenas amigas. 
Hemos empezado con el pie izquierdo la obra ya que nos querían quitar nuestros asientos un grupo de chicas que han llegado las últimas, pero finalmente se ha solucionado el tema de las entradas y hemos podido disfrutar de esta gran obra cómica: 


La mezcla de gags, canciones de todo tipo, y el carácter de los actores, han hecho que no paremos de reír durante todo el espectáculo. Y es que no hay nada mejor que sonreír un viernes en buena compañía. 
La cantidad de chistes y cosas graciosas que han dicho es muy difícil de explicar, sin embargo me he quedado con algo que me ha gustado mucho. En una de las historias que contaban hablaban sobre las musas, esos seres que me encanta nombrar cuando me viene la inspiración. Han estado un buen rato contado la historia en versión simpática de la musa de la danza, Terpsícore. Tras cada monólogo o "biólogo" como ellos decían cuando hablaban dos, hacían una canción con la cual no parabas de reírte. 
Mientras contaban esa historia me ha venido a la mente mi musa favorita, Erato, la musa amorosa inspiradora de poesías. Y me las he imaginado a ambas en el escenario, una escribiendo con una corona de rosas rodeándole el pelo y la otra con un vestido blanco danzando y tocando la lira. 
Al término de la obra hemos aplaudido todos como locos y luego nos hemos hecho unas fotos para recordar el momento. Soy una apasionada de la cámara, va conmigo a todas partes. Soy lo que denomino fotógrafa compulsiva de momentos irrepetibles. 

Tras finalizar el teatro hemos ido a tomarnos unas cañitas, hemos seguido riendo, comentando la obra y haciendo planes para futuras quedadas "culturales". Lo más curioso ha sucedido cuando estábamos en el bar y de repente hemos visto a un hombre que iba con su perro paseando, me ha llamado la atención porque mientras esperaba que el perro olisquease él estaba mirando un libro que tenía entre sus manos, y me ha resultado extraño porque normalmente cuando sacas a pasear al perro no te llevas un libro para ir leyendo, y mas siendo de noche y si me apuras incluso estando lloviendo porque llevar paraguas, perro, y libro es prácticamente imposible. Cuando nos disponíamos a marchar nos hemos encontrado con esta imagen: 


El libro estaba mojándose encima de una cuba a la salida del bar. Lógicamente lo he cogido y he visto que tenía algo dentro pues unos folios parecían sobresalir de entre las páginas. Por un momento me he imaginado una especie de carta dirigida a alguien o anotaciones sobre el mismo libro. Sin embargo al abrirlo había una libreta bancaria y dos folios en blanco. En la libreta aparecían los nombres de las personas, y como ex-banquera que soy, mi primera reacción ha sido mirar el saldo y los teléfonos de los titulares. Al ver que era un plazo fijo y estaba a cero, tampoco le he dado excesiva importancia, de hecho en el hallazgo de esta noche, el libro sería lo de mas valor. Finalmente hemos decidido dejárselo al camarero del bar, puesto que estaba en su propiedad, y que se encargase él de encontrar al dueño. La verdad es que me daban ganas de traérmelo a casa y hojearlo por ver si había algo mas dentro, algo como palabras o letras subrayadas que pudieran formar frases, anotaciones con símbolos extraños, o incluso alguna declaración de amor. 
Al llegar a casa me he metido en internet para leer el resumen del libro, y pese a que no me gustan excesivamente las novelas de historia, ésta tiene algo que te engancha, y es que entre aventuras de vórtices que te transportan a otra época, hay una historia de amor entre una artista y un médico egipcio. 

Estoy pensando que en unos días me pasaré por el bar por si se ha sabido algo del dueño, si no es así voy a recuperar el libro y finalmente lo donaré a la biblioteca. 

En definitiva acabar el día riéndote y con alguna anécdota mas que contar siempre es interesante. Aunque también me he guardado un as bajo la manga de otro suceso que por ahora no revelaré... 

Mi consejo de hoy: Os propongo algo, investigad cuál es vuestra musa, como se llama, su forma de vestir, y qué inspira. Si no encontráis ninguna que se adapte a vosotros, elegid un nombre y dar rienda suelta a esa creatividad que todos llevamos dentro. 

Charcos en el Camino

Cuando era pequeña me encantaba leer. Mi padre viajaba mucho por temas de trabajo y a su regreso yo acudía dando saltitos y preguntando qué me había traído. Las muñecas no me gustaban demasiado y aunque tenía algunas en mi habitación, se quedaban en una estantería sin ser usadas como un mero adorno. Cuando mi padre me compraba alguna ataviada con el traje regional de la ciudad que había visitado y veía mi cara de desilusión, cambió de estrategia y empezó a traerme libros. Los primeros fueron esos de tapas rojas de El Barco de Vapor con dibujitos en blanco y negro entre sus páginas. Mas tarde cuando me hice algo mayor los libros eran mas gordotes y con escasos dibujos. Recuerdo el día que me regaló La historia interminable. Lo cogí y tras leer la contraportada mi cabecita fantasiosa empezó a vislumbrar a Fújur el dragón blanco que volaba y ayudaba a Atreyu. Empecé a leer la historia la misma noche que cayó en mis manos, y la emoción que me embargaba se notaba en cada poro de mi piel. Aunque también hay que decir que me llevé un disgusto enorme cuando iba por la mitad del libro y me encontré de repente con dos páginas en blanco. Ese fin de semana cuando mi padre regresó le señalé el libro llorando y le dije que no podía seguir porque me faltaba parte de la historia. Finalmente cuando mi padre regresó a esa ciudad volvió a la librería y se lo cambiaron por otro, esa misma semana acabé el libro.
Hoy me he acordado de estos recuerdos porque cuando me he despertado no paraba de llover. Durante toda la noche ha estado cayendo agua como si del diluvio universal se tratase, y me ha costado abrir los ojos puesto que la habitación estaba tan oscura como si fueran las 9 de la noche. Y lo primero que ha venido a mi pensamiento esta mañana mientras permanecía en la cama escuchando la lluvia ha sido la imagen de un libro, un libro que hace muchos años me trajo mi padre y que guardo con mucho cariño en la estantería de mi habitación rosa junto a las barriguitas y los ponys.


He de confesar que ya no duermo en esa habitación, y que le cogí especial manía al color rosa debido a los gustos de mi madre por ponerme todo de ese color, pero tanto los libros como los juguetes de esa época los conservo en muy buen estado.
Los días de lluvia tienen algo especial, y es que hagas lo que hagas sabes que tienes que mojarte. Esta misma mañana tenía que salir a la compra, y de estas cosas que dices "pues tengo que ir a comprar..." y alguien te responde "pues yo también" y decidimos quedar en mitad del camino para tomar un café.
Os preguntaréis con quién he quedado. Pues ha sido con el personaje de alta alcurnia que conocí hace poco. Verle llegar dando saltos esquivando charcos y sacudiendo su paraguas me ha provocado la primera sonrisa de la mañana. Quedar a tomar café con él siempre es interesante. De hecho yo he tomado la decisión de llevar papel y boli para ir anotando todas las ideas que él va soltando por su boca mientras habla.
Hoy le he visto algo mas delgado que la vez anterior, y me ha hecho mucha gracia su atuendo, llevaba un jersey de cuello alto bastante gordito muy navideño, de hecho sólo le faltaban los renos de Santa Claus y que fuera rojo en lugar de azul.
Es un personaje de los que quedan poquitos. Te comenta historias tan interesantes que no tienes mas remedio que coger una servilleta, pedir un bolígrafo e ir anotando cosas, aunque finalmente te olvides la servilleta junto a la taza del café. Quizás otro día haga un post sobre esas ideas perdidas que se quedaron en las servilletas de los bares.
En ocasiones te mira con sus ojos entre azulados y grises y te habla sobre Bob Esponja o incluso de cómo utilizar un extintor para otros usos alternativos a los incendios. Es sencillamente genial.
Antes de decirnos adiós, él ha ido a comprar su periódico, el cual traía un cd de un curso de alemán, y a continuación me he despedido con una ligera reverencia hasta la próxima cita.
Por la tarde he ido a clase de alemán y lo mejor de la clase ha sido cuando me he ido a aprender la verdadera cultura alemana al bar a tomar unas cañitas y unos pinchos.
Yo creía que el día acabaría aquí, sin embargo por casualidades remotas me he enterado que esta noche actuaba en un local en mi ciudad Luis Larrodera, un cómico al que sigo y cuyo humor me encanta. Asi que tras salir del bar he ido a ver el monólogo.
Hacía muchísimo tiempo que no me reía tantísimo, y lo que me ha impactado es que en el descanso le he parado para que me firmase una foto suya y al decirle mi nombre, automáticamente sabía quién era en mi cuenta de twitter, y ha hablado conmigo como si fuera una amiga que hacía tiempo no veía y me ha contado alguna que otra cosa interesante sobre sus proyectos. Y cuando al final del show ha venido y me ha regalado una bolsa de Peta Zetas, que era parte de su monólogo, he sido la personita más feliz del local seguro.


Os contaré un pequeño detalle del tipo "tierra trágame" que me ha sucedido. En el descanso del monólogo he ido al servicio, y justo al salir por la puerta me he topado de frente con Luis, tal ha sido mi impacto que me he girado para intentar ir hacia mi sitio, que no me he dado cuenta que el camino que había elegido para escabullirme era en realidad un espejo. Al golpearme contra mi propia imagen, supongo que me habré puesto mas roja que un tomate, y cuando he visto que había alguien mirando, me he retocado el pelo como si tal cosa, me he girado hacia el lado contrario y he salido airosa de la situación, pero por dentro no podía parar de reírme de mi misma y de mi sentido de la orientación.

Quizás el día empezó con charcos en el camino, y como en la novela, lo único que tenemos que hacer es aprender a sortearlos o si nos meteos dentro, asegurarnos que llevamos unas buenas botas de agua, pero sobre todo hay que intentar acabar estos días de lluvia con grandes carcajadas, porque al fin y al cabo es algo que se contagia.

Mi consejo de hoy: En ocasiones es inevitable meterse en charcos, algunos inesperados, y otros que nos salpican sin darnos cuenta, pero está en nuestras manos el saber salir de ellos de forma airada e incluso aprendiendo lecciones valiosas. Antes de ir a dormir, procurad reír a carcajada limpia durante un buen rato, yo creo que hasta se rejuvenece.